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BIOGRAFIAS


FERNANDO VALERIO

Militar independentista. Nació en el año 1801 en San José de las Matas. Durante el regimen haitiano perteneció a la milicia cívica donde alcanzó el grado de capitán.

Proclamada la Independencia, toma las armas a favor de la causa de la Patria y comandando un contingente de tropas de Sabana Iglesia, acude a la defensa de Santiago amenazada por el ejército haitiano que avanzaba por la Línea Noroestana.

Como militar de carrera es destinado junto con sus tropas a un puesto de avanzada, supo defender con valentía su posición ordenando en un momento de peligro una carga a machete contra una avanzadilla haitiana que pretendía atravesar el Río Yaque. Esta carga es conocida en la historia como “La Carga de los Andulleros”, porque la gente de Sabana Iglesia en su mayoría se dedicaba a la preparación de andullos (de tabaco).

Lograda la Independencia fue nombrado Jefe de Frontera y participó en todas las campañas de la guerra independentista hasta la última batalla, la de Sabana Larga.

Sus méritos le valieron el ascenso a General de División con el cargo de Jefe de la Línea Noroestana con asiento en Guayubín donde residió el resto de su vida.

Como muchos otros soldados de la Independencia recibió con beneplácito la reincorporación de la República a España.

Murió en el año 1862 en Guayubín y sus restos reposan en la Iglesia Mayor de Santiago, donde fueron trasladados en 1928.

Parques y calles de nuestro país llevan el nombre de este valioso dominicano.

 

JOSE MARIA IMBERT

Junto con Fernando Valerio se considera el líder máximo de la Batalla del 30 de Marzo, que fue decisiva en la primera Campaña Independentista en 1844.

De nacionalidad francesa, oriundo de Fudlon, ciudad del noroeste de Francia, donde nació en 1801.

Con ansias de conocer el nuevo mundo, sale de su patria natal con destino a Cuba, después de una corta estadía ene sa isla se traslada a Port-a-Prince (Haití). Más tarde pasa a la parte oriental de la isla y se radica en la ciudad de Moca, investido de las funciones de corregidor; allí contrae matrimonio con una dama distinguida, María Francisca del Monte.

Llega el año 1844, el cual marcó un hito en el plenario de la historia y José María Imbert, siente el patriotismo como cualquier dominicano y dentro de ese conciliábulo patriótico dice presente en la blasonada ciudad de Santiago y con ese don de mando, con su capacidad directriz, con ese valor espartano, arrojó de la hidalga ciudad de Santiago al intruso invasor, gracias al denodado valor de Valerio y otros coterráneos.

La acción del 30 de Marzo, a la que gloriosamente está unido su nombre, es memorable por lo decisiva que fue la derrota del invasor, por la sugestión creada en todo el Norte de Haití sobre la capacidad de nuestro improvisado ejército, y por la influencia en el levantamiento de la moral de pueblo dominicano, necesitado de otro estímulo que secundara el del 19 de Marzo en Azua.

En el año de 1845, siendo Imbert lugarteniente de Francisco Antonio Salcedo, compartió los honores del triunfo en la acción de la Sabana de Beller. Terminada esa campaña, se reintegró a Moca, como Comandante de Armas. De allí pasó con el mismo cargo a Puerto Plata, lugar donde murió en 1847.

Sus restos reposan en la Catedral de Santiago, junto con otros héroes de la Independencia y la Restauración.

Al igual que Fernando Valerio, el nombre de este francés lo llevan calles y parques de todo el país.

 

José Joaquín Pérez

Nació en Santo Domingo el 27 de abril de 1845. Poeta, periodista, abogado y político.  Estu-dió en el Seminario de Santo Domingo y completó su educación en dicha institución bajo la dirección del presbítero Fernando Arturo de Meriño. Desde muy joven se dedicó a la poesía y comenzó a ganar prestigio cuando todavía un adolescente de dieciséis años, dio a conocer un soneto de carácter político en el que rechazaba la anexión de la República Dominicana a Espa-ña. Vivió en el exilio entre 1868 y 1874, debido a su oposición al "Gobierno de los Seis Años" que presidió Buenaventura Báez. Fue Oficial Mayor del Ministerio de lo Interior; Ministro de Relaciones Exteriores; Diputado al Soberano Congreso Nacional; Miembro de la Asamblea Constituyente; Ministro de Justicia, Fomento e Instrucción Pública y Magistrado de la Suprema Corte de Justicia, Colaboró con El Nacional (órgano de la sociedad La República), El hogar, La Revista Ilustrada, Letras y Ciencias y en los Lunes del Listín. Dirigió los periódicos La Gaceta Oficial, Eco de la Opinión y El porvenir. Es el máximo representante del romanticismo poético dominicano y una figura destacada del movimiento indigenista en América Latina. Sus ideas liberales y su deseo de que el país lograra la reafirmación de su independencia, en percibir una poesía altamente patriótica. Pero el rasgo más notorio de la obra poética de José Joaquín Pérez es el indigenismo, pues basándose en tradi-ciones, leyendas e informaciones históricas relacio-nadas con los primitivos habitantes de La Española, escribió interesantísimas páginas acerca del desdichado destino de la raza taína luego de la llegada de los colonizadores. Sus coetáneos y las generaciones posteriores le han reconocido co-mo "El cantor de la raza indígena". Murió en Santo Domingo el 7 de abril de 1900.

BIBLIOGRAFIA ACTIVA
POESIA.
Fantasías indígenas. Santo Domingo: Imprenta de García Hermanos, 1877.  La indus-tria agrícola. Santo Domingo, 1882. Ediciones póstumas: La lira de José Joaquín Pérez. Santo Do-mingo: Imprenta Vda. García, 1928. Obra poética. Santo Domingo: Edición de la Universi-dad Nacional Pedro Henríquez Ureña, 1970. Fantasías indígenas y otros poemas. Santo Do-mingo: Editora Corripio, C. por A., Biblioteca de Clásicos Dominicanos, 1989.
NOVELA. Flor de palma o la fugitiva de Borinquen. Santo Domingo: Imprenta de García Herma-nos, 1877. (incluida en la primera edición de Fantasías Indígenas). C. por A., 1950.

BIBLIOGRAFIA PASIVA
Alcántara Almánzar, José. “José Joaquín Pérez”, en Antología de la literatura dominicana. San-to Domingo: Editora Cultural Dominicana, 1972. | Alcántara Almánzar, José. Estudios de poe-sía dominicana. Santo Domingo: Editora Alfa y Omega, 1979: 13-49. |Alcántara Almánzar, Jo-sé. “José Joaquín Pérez”, en Dos siglos de literatura dominicana (S. XIX-XX). Vol. 1. Santo Domingo: Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional, 1996: 126-133. | Alfau Durán, Vetilio. “José Joaquín Pérez”, en Apuntes para la bibliografía poética dominicana. Clío 38: 125  (1970): 62. | Alfau Durán, Vetilio. “José Joaquín Pérez”, en Vetilio Alfau Durán en Clío. Santo Domingo: Colección del Sesquicentenario de la Independencia Nacional, 1994: 35, 59, 108, 153, 375, 378, 383, 388, 541, 579, 582, 587, 591-94, 596-98, 659, 660, 711. | Amia-ma, Manuel A. “José Joaquín Pérez”, en El periodismo en la República Dominicana. Santo Do-mingo: Talleres Tipográficos La Nación, 1933: 51-50. | Balaguer, Joaquín. “José Joaquín Pé-rez”, en Historia de la literatura dominicana. 7ma. ed. Santo Domingo: Editora Corripio, 1988: 100, 105-106, 108-12, 128, 130, 149. | Balaguer, Joaquín. “José Joaquín Pérez”, en Letras dominicanas. Santiago de los Caballeros: Editorial El Diario, 1944: 39-78. | Castellanos, José. “José Joaquín Pérez”, en Lira de Quisqueya. Santo Domingo: Imprenta García Hermanos, 1874: 191. | Céspedes, Diógenes. “José Joaquín Pérez”, en Lenguaje y poesía en Santo domin-go en el siglo XX. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1985: 16, 98, 118, 125, 271, 273, 288. | Coiscou Henríquez, Máximo. “De José Joaquín Pérez”, en Escritos breves. Ciudad Trujillo: Impresora Dominicana, 1958: 47-50. | Contín Aybar, Néstor. “José Joaquín Pérez”, en Historia de la literatura dominicana. Vol. 2. San Pedro de Macorís: Univer-sidad Central del Este, 1983:  73-81. Contín Aviar, Pedro René. “José Joaquín Pérez”, en Poe-sía dominicana. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1969: 11-21. | Diccionario enciclopédico dominicano. Vol. 2. Santo Domingo: Sociedad Editorial Dominicana, 1988: 190. | Fernández Rocha, Carlos; De los Santos, Danilo. “José Joaquín Pérez”, en Lecturas dominicanas. Santiago de los Caballeros: Universidad Católica Madre y Maestra, 1974: 8-10. | Fleury, Víctor; Ricardo, Gustavo; Bisonó, Pedro R. “José Joaquín Pérez”, en Cien dominicanos célebres. 2da. ed. Santo Domingo: Publicaciones América, 1974: 286. | García Godoy, Federico. “Homenaje a José Joaquín Pérez”, en Perfiles y relieves. Santo Domingo: Imprenta La Cuna de América, 1907: 59-65. | Gerón, Cándido. “José Joaquín Pérez”, en Diccionario de autores dominicanos 1492-1994. 2da. ed. Santo Domingo: Editora Colorscan, 1994: 91. | Henríquez Ureña, Max. “José Joaquín Pérez”, en Panorama histórico de la literatura dominicana, 2da. ed. Santo Do-mingo: Librería Dominicana, 1966: 284-87. | Henríquez Ureña, Pedro. “José Joaquín Pérez”, en De mi patria. Santo Domingo: Secretaría de Estado de Educación, 1974: 97-103. | Lebrón Sa-viñón, Mariano. “José Joaquín Pérez”, en Historia de la cultura dominicana. Vol. Vol. 2. Santo Domingo: Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, 1981: 191-200. | Martínez, Rufino. “José Joaquín Pérez”, en Diccionario biográfico-histórico dominicano. Santo Domingo: Univer-sidad Autónoma de Santo Domingo, 1971: 387. Matos, Esthervina. “José Joaquín Pérez”, en Estudios de literatura dominicana. Ciudad Trujillo: Pol Hermanos, 1955: 113-123. | Mejía, Abi-gail. “José Joaquín Pérez”, en Historia de la literatura dominicana. Ciudad Trujillo: Impresora Dominicana, 1951: 84-88. Nolasco, Flérida. “José Joaquín Pérez”, en Ruta de nuestra poesía. Ciudad Trujillo:  Impresora Dominicana, 1953: 52-62. | Nolasco, Sócrates. “José Joaquín Pé-rez”, en El cuento en Santo Domingo. Ciudad Trujillo: Librería Dominicana, 1957: 149. | Peña Batlle, Manuel Arturo. “José Joaquín Pérez”, en Antología de la literatura dominicana. Santiago de los Caballeros: Editorial El Diario, 1944: 99-102. | Pérez, Carlos Federico. “José Joaquín Pérez”, en Evolución poética dominicana. Buenos Aires: Editorial Poblet, 1956: 145-69. | Rodrí-guez Demorizi, Emilio. “José Joaquín Pérez”, en Frases dominicanas. Santo Domingo: Editora Taller, 1980: 88. |  Rodríguez Demorizi, Emilio. “José Joaquín Pérez”, en Seudónimos domini-canos. Santo Domingo: Editora Taller, 1982: 114, 136, 148. | Vallejo de Paredes, Margarita.  “José Joaquín Pérez”, en Antología de la literatura dominicana. Vols. 1 y 2. Santo Domingo: Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 1981: 49-53, 36-38. | Vallejo de Paredes, Margarita.  “José Joaquín Pérez”, en Apuntes biográficos y bibliográficos de algunos escritores domini-canos del siglo XIX. Vol. 1. Santo Domingo: Publicaciones AP, 1995: 175-82.

FRAY ANTON DE MONTESINOS

 

Montesinos: el primer grito de libertad
 

Fray Antón de Montesinos.

Orlando r. Martínez. Durante el verano de 1494 y la primavera y verano de 1495, Cristóbal Colón llevó a cabo campañas militares exitosas en el interior de la isla para obligar a los taínos a someterse al vasallaje de los Reyes Católicos y al servicio de los españoles. Los taínos atrapados en el curso o después de las campañas militares eran obligados a trabajar en las minas, y durante los años de Colón fueron tratados como si fueran un recurso natural inagotable. Pese a que la Corona había declarado en 1501 que los “indios” eran sus vasallos libres y que no debían ser maltratados, nadie obedeció nunca esas sugestiones. Nicolás de Ovando, gobernador de la isla en 1503, le hizo ver a la Reina que si no se obligaba a los indios a trabajar para ellos en las minas, la isla se despoblaría y se perdería todo el negocio en ella.
Por esta razón, y por el enorme interés de los Reyes en obtener oro para hacer frente a sus gastos en Europa, la Corona legalizó el sistema imperante de repartir indios a los españoles para que trabajaran forzadamente en las minas y estancias (granjas), con la única condición de que les enseñaran las cosas tocantes a la fe católica. El permiso fue dado el 20 de diciembre de 1503, empezando legalmente el sistema de las Encomiendas en la Española, en cuyo nombre se cometieron tantos abusos que la desesperación de los indios que lograban salir vivos de las minas después de ocho a doce meses de trabajos forzados, los llevaba a cometer suicidios en masa, matando a sus hijos e impulsando a las madres a abortar. El resultado fue que en 1508, fecha en que se realizó un censo de indios, solamente quedaban 60,000 de los 400,000 que había aproximadamente cuando Colón pisó la isla por primera vez, dieciséis años antes.
Ese descenso de la población aborigen creó conciencia de la crisis de la mano de obra que se avecinaba e hizo descubrir a los españoles que los indios eran un recurso que se hacia cada vez mas escaso y convenía aumentar. La solución que se adoptó fue la incorporación de indios de las Islas Lucayas. Aunque se importaron unos 40,000 indios entre 1508 y 1513, la disminución siguió, pues la tradición del tratamiento inhumano a criaturas que los españoles consideraban como animales sin alma fue tan fuerte como la insaciable sed de oro del rey Fernando.
Esta fue la realidad que encontró fray Antón de Montesinos cuando llegó a la Española junto a los primeros frailes de la orden de los Dominicos, quienes se identificaron con la vida de penuria y trabajos forzados de los indios. Inmediatamente iniciaron una lucha a favor de estas víctimas, por sus derechos como iguales a los españoles.
“Soy la voz de Cristo que clama en el desierto de esta isla”, fueron las palabras que lograron la enemistad de la orden de los Dominicos, especialmente del autor de las mismas, con los gobernantes de la colonia de Santo Domingo. Las palabras fueron parte del sermón pronunciado por fray Antón de Montesinos en el primer domingo de Adviento, el 30 de noviembre de 1511, en presencia del Virrey Don Diego Colón, las autoridades de la colonia residente en Santo Domingo y los señores más notables, en un discurso lleno de reprensión y pecados muy detallados.
Su sermón titulado “Ego Vox Clamantis in deserto” fue firmado por todos los frailes de la orden, y reclamaba a los españoles derecho y justicia para los taínos, condenando la opresión contra los mismos.
El escándalo fue enorme, y todos se asombraron por el atrevimiento de fray Antón de Montesinos. Amenazas y suplicas no fueron suficientes para variar la convicción de los frailes. Fray Pedro de Córdoba, jefe de la orden, simuló aceptar una reprimenda prometiendo que Montesinos se retractaría en su próximo sermón. Al llegar el segundo domingo de Adviento, el 7 de diciembre, Montesinos volvió al ataque sobre el tema en términos más duros. Ante tal osadía, los encomendadores, encabezados por el Virrey, comisionaron a fray Alonso de Espinal para acusar ante la Corte a los Dominicos, quienes, a su vez, recolectando limosnas, enviaron al padre Montesinos a la Corte, a fin de que esclareciera la situación al Rey.
Tras grandes dificultades logró Montesinos ver al Rey y exponerle la situación. El Rey creó la Junta de Burgos, compuesta por teólogos y juristas, para pronunciarse sobre el caso. Montesinos se enfrentó contra Espinal y ganó la causa. El Gobierno dictó como resultado las Leyes de Burgos, reglamentando el trabajo en las Indias pero manteniendo las encomiendas y repartimientos. Los dominicos y Montesinos siguieron la lucha, pues estas leyes no revolvieron la situación, hasta lograr que en el Gobierno del Cardenal Cisneros, se suprimieran las encomiendas y repartimientos, y se designara el Gobierno de los Gerónimos para mediar entre ambas partes y hacer cumplir las disposiciones reales a favor de los aborígenes.
Las leyes no se aplicaron y fracasaron los planes de los Gerónimos. Montesino murió sin ver su sueño de igualdad realizado, y convirtiéndose en el autor del primer reclamo oficial por la libertad e igualdad de la gente de América..

 


Nicolás de Ovando


Gobernador y colonizador español


Nació en Brozas y fue criado en Cáceres. Educado en un ambiente muy religioso religiosidad. Ferviente partidario de Isabel la Católica. Ingresó en la Orden Militar de Alcántara para dedicarse al servicio de la Iglesia y de la Corona. En 1478, fue encomendador de Lares. Ovando fue uno de los diez hombres designados por los Reyes Católicos para acompañar al príncipe don Juan en la corte preparada para él en Almazán. Fueron escogidos por su importancia en la guerra, en los asuntos públicos, en las letras, en las artes y por su religiosidad. Como colaborador de los reyes, fue nombrado dos veces visitador de la Orden, y se encargó de la reconstrucción de la ciudad de Alcántara, muy deteriorada por la guerra de Sucesión castellana. Nombrado gobernador de las Islas y Tierra Firme el 3 de septiembre de 1501. A inicios de 1502, capitaneó una flota de 31 navíos que arribaba al puerto de Santo Domingo el 15 de abril de 1502. A poco de llegar la flota, un huracán destruyó la vieja ciudad de Santo Domingo. Se refundó la ciudad en la orilla derecha del río Ozama. Además se trazó a regla y cordel como mandaban los cánones renacentistas. El modelo urbano será tenido en cuenta posteriormente al fundarse otras ciudades americanas. Entre 1502 y 1504, terminó de levantar el mapa urbanístico de la isla. Facilitaron esta tarea las guerras del Higüey (1502-1503), con efecto en varias fundaciones de la zona oriental de la isla. El 20 de diciembre de 1503, la reina Isabel firmaba una Real Provisión legalizando los repartimientos de indios en favor de los españoles. Con este documento nacía la encomienda. De 1503 a 1505 Ovando generalizó los repartos de indios en la isla Española. En su gobierno, se opuso a Cristóbal Colón y a todo lo colombino: en 1502 el Almirante advirtió a Ovando de la inminencia de un huracán, y aconsejó que no saliera la flota que iba a regresar a España; no hizo caso del consejo y se perdió la flota en que regresaba Francisco de Bobadilla con un importante tesoro. El 9 de julio de 1509, el comendador mayor de Alcántara fue sustituido por Diego Colón en la gobernación de las Indias. Regresó a España, donde falleció el 29 de mayo de 1511. Está enterrado en la iglesia de San Benito de Alcántara.
 


JOSE GABRIEL GARCIA

Nació en Santo Domingo el 13 de enero de 1834. Historiador, escritor y político. Hizo sus es-tudios primarios e intermedios en la capital dominicana. En 1848, con apenas 14 años de edad, ingresó al ejército siendo asignado a la Brigada de Artillería de la Plaza de Santo Domingo, co-mandada por el Coronel Angel Perdomo. Como militar llegó a desempeñar varias funciones ad-ministrativas y alcanzó el rango de Subteniente (1853). Acusado de conspiración y perseguido por los enemigos de la causa independentista, tuvo que salir del país (1855), radicándose en Venezuela por cinco años. De vuelta al lar nativo trabajó en las oficinas de la Aduana y fue Re-gidor del Ayuntamiento. Mientras se desempeñaba como Regidor del Ayuntamiento protestó por los planes anexionistas de Santana, acción que provocó que el Brigadier La Gándara lo enviara a la cárcel (1861) en condición de prisionero de guerra. En 1865, luego del triunfo de la Guerra Restauradora y de la expulsión de las tropas españolas del territorio nacional, obtuvo su libertad mediante un canje de prisioneros efectuado en Puerto Plata. A partir de entonces tuvo bajo su cargo la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública (1865, 1876) y la Secretaria de Relaciones Exteriores (1866) y la Tesorería Municipal de Santo Domingo (1898-1908). Sus artículos perio-dísticos fueron difundidos en la mayoría de los periódicos importantes de la época, tales como: El Oasis, El Patriota, El Elector, El Eco de la Opi-nión, El Teléfono, Ciencias, Artes y Letras, La Cuna de América y El Mensajero. Como escritor empleó gran parte de su vida en la investiga-ción de temas históricos. Su Compendio de historia de Santo Domingo fue la obra más valiosa, la mejor documentada y la más completa en su género hasta las primeras décadas del siglo XX. Compuesta por cuatro volúmenes publicados en 1867, 1887, 1900 y 1906, respectivamente, con el Compendio de his-toria de Santo Domingo, José Gabriel García inaugura la historia mo-derna dominicana, pues partiendo de sus propias investigaciones y sin disponer de fuentes es-critas, logró reconstruir las ocho décadas y media de historia nacional que distaban entre el cuarto volumen de la Historia de Santo Domingo de Antonio Del Monte y Tejada y su Historia moderna de la Republica Dominicana, aparecida en 1906. Sus contemporáneos lo reconocieron como Padre de la Historia Nacional. Murió en Santo Domingo el 19 de enero de 1910.

BIBLIOGRAFIA ACTIVA
ENSAYO:
Compendio de la historia de Santo Domingo. Santo Domingo: Imprenta García Herma-nos, [1er. Vol., 1867; 2do. Vol., 1882; 3er. Vol., 1900; 4to. Vol. 1906]. Colección de los trata-dos internacionales celebrados por la República Dominicana desde su creación hasta nuestros días. Santo Domingo: Im-prenta García Hermanos, 1867. Breve refutación del informe de los Comisionados de Santo Domingo. Dedicado al pueblo de los Estados Unidos. Curazao: Imprenta del Civilizado, 1871. Rasgos biográficos de dominicanos célebres. Santo Domingo: Imprenta de García Hermanos, 1875. Memorias para la historia de Quisqueya o sea de la antigua parte espa-ñola de santo Domingo desde el descubrimiento de la isla hasta la constitución de la República. Santo Domingo: Imprenta de García Hermanos, 1876. Partes oficiales de las operaciones mili-tares realizadas durante la guerra dominico-haitiana. Santo Domin-go: Imprenta García Herma-nos, 1888. Guerra de la separación dominicana: Documentos para la historia. Santo Domingo: Imprenta García Hermanos, 1890. Coincidencias históricas escritas conforme a las tradiciones populares. Santo Domingo: Imprenta García Hermanos, 1891. El lector dominicano. Curso gra-dual de lecturas compuestas para el uso de las escuelas nacionales. Santo Domingo: Imprenta García Hermanos, 1894. Historia moderna de Santo Domingo. Santo Domingo: Impren-ta de García Hermanos, 1906.

BIBLIOGRAFÍA PASIVA
Balaguer, Joaquín. “José Gabriel García”, en Historia de la literatura dominicana. 7ma. ed. Santo Domingo: Editora Co-rripio, 1988: 187-190. | Balaguer, Joaquín. “José Gabriel García”, en Los próceres escritores. Buenos Aires: Gráfica Guada-lupe, 1947: 171-188. | Contín Aybar, Néstor. “José Gabriel García”, en Historia de la literatura dominicana. Tomo 2. San Pedro de Macorís: Universidad Central del Este, 1983: 150-58. | Enciclopedia dominicana. Vol. 3. Santo Domingo: Editora Centenario, 1976: 183-184. | Fleury, Víctor; Ricart, Gustavo; Bisonó R. “José Gabriel García”, en Cien dominicanos céle-bres. Santo Domingo: Publicaciones América, 1974: 246-247. | Garrido, Miguel Angel. "José Gabriel García", en Siluetas. 2da. ed. Santo Domingo: Tipo-grafía El Progreso, 1916: 29. | Henrí-quez Ureña, Max. “José Gabriel García”, en Panorama histórico de la literatura dominicana, 2da. ed. Santo Domingo: J. D. Postigo, 1966: 408-410. | Lebrón Saviñón, Mariano. “José Gabriel García”, en Historia de la cultura dominicana. Vol. V. Santo Domingo: Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, 1982: 97-99. | Martínez, Rufino. “José Gabriel Federico García”, en Diccionario biográfico dominicano 1821-1930. Santo Do-mingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1971: 189-191. | Matos, Esthervina. “José Gabriel García”, en Estudios de literatura dominicana. Ciudad Trujillo: Pol Hermanos, 1955: 196-199. | Mejía, Abigaíl. “José Gabriel García”, en His-toria de la literatura dominicana, 7ma. ed. Ciudad Trujillo: Impresora Dominicana, 1951:154-156. | Sánchez, Enriquillo. “José Gabriel García en el mágico cabaret de la libertad”, en Para uso oficial solamente. Santo Domingo: Ferilibro, 2000: 650-652. | Vallejo de Paredes, Margarita. Vol. 2. “José Gabriel García”, en Apuntes biográficos y bibliográficos de algunos escritores dominicanos del siglo XIX. Santo Domingo: Publicaciones ONAP, 1985: 121-129.   
 
 
 

 

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