JUANA SALTITOPA            CONCEPCION BONA Y HERNANDEZ

 

Juana Saltitopa

 

 

 Cuando hablamos sobre la independencia de Quisqueya y los protagonistas de la misma no podemos pasar por alto el papel importante que jugo la mujer dominicana en tan significativo evento histórico.   Entre estos personajes tenemos a una gran dominicana cuyo nombre aparece en los albores de nuestra historia independentista.  Juana Trinidad, La Saltitopa, “Coronela Inmortal”, heroína de la Guerra Independentista. Vivió en Santiago en los días de la independencia. De recio carácter y valor extraordinario, ofreció sus servicios a los patriotas que enfrentaron a las tropas haitianas en Santiago. Tuvo una participación destacada en la Batalla del 30 de Marzo de 1844. Batalla librada entre las tropas independentistas dominicanas y contra las del general Pierrot, quien comandaba una columna del ejército invasor haitiano de Charles Herard. La plaza central de Santiago estuvo defendida por tropas dominicanas bajo el mando de José María Imbert, Francisco Antonio Salcedo, Fernando Valerio y otros oficiales. El numeroso ejército de Pierrot fue derrotado por los dominicanos. Pierrot tras enterarse de la falsa noticia que daba por muerto a Herard, se retiró dejando más de 600 heridos, el efecto que produjo la derrota, el número de sus heridos fue mucho mayor.

     La historia cuenta, que reiteradas veces expuso su vida yendo por agua para sus compañeros, al río Yaque. Le llamaban “La Coronela” por sus heroicas y destacadas acción, durante el periodo de la guerra de independencia. Se desconoce con exactitud su apellido aunque en documentos de la época, se asegura que es Trinidad. Saltitopa era sólo un apodo. Juana Trinidad murió asesinada en combate en 1860.

 Lo que motiva esta humilde esquela es la sorpresa y hasta preocupación, por la decidía de nuestros historiadores, no se que me hace pensar, que el exacerbado machismo de nuestros investigadores históricos no solo los impulso a ofrecerle la tutela paternal de la patria a tres de nuestros mas preclaros próceres, de tal manera que la nuestra es una de las pocas naciones en el orbe que posee tres padres de la patria, y sin embargo dejan a la patria huérfana de maternidad.

 Resulta preocupante, desde mi óptica como pedagogo, que las generaciones que en la fragua de nuestra nacionalidad se forjan, solo tienen modelos masculinos a seguir. Nótese que en el caso de Juana Saltitopa no solo se ignora su fecha de nacimiento, también hay dudas sobre su apellido y su reseña histórica es bastante precaria.

 Sirva esta corta reflexión no para ofrecer una trinchera al feminismo nacional, del cual soy tan detractora como del machismo, sino para que los investigadores toquen fondo en la participación de la mujer en la formación de nuestra nacionalidad y podamos así ofrecer modelos a seguir por la mujer dominicana del presente y del futuro.

 

Por  Amada Vargas, Ph.D.

Referencias Bibliograficas: Periódicos El Caribe y El Listin Diario Santo Domingo, Republica Dominicana.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

BREVE RESEÑA HISTORICA SOBRE CONCEPCION BONA


María de la Concepción Bona Hernández nació en la ciudad de Santo Domingo, el día 6 de diciembre de 1824.

Desde joven dio muestras de amor a la patria y se mantuvo en todo momento al tanto de los acontecimientos independentistas.

Por ello cuando fue necesaria la confección de un pabellón, ella tejió con sus manos la primera Bandera Dominicana, la misma que en la memorable noche del 27 de febrero ondeo airosa en el asta del Baluarte.

Toda su vida, esta heroína dominicana, la puso al servicio de los ideales redentoristas de Juan Pablo Duarte, y su aliento, más de una vez, sirvió para levantar el ánimo abatido de un joven dominicano.

Murió Concepción Bona en la ciudad capital de la República Dominicana el 2 de julio del 1901.

 

DE BANDERA Y MADRES DE LA PATRIA

Homenaje a Concepción Bona

Por: Olga Gómez

 

María de la Concepción Bona y Hernández nace en Santo Domingo el 6 de diciembre del año 1824.  Dos años antes, en febrero de 1822, se había iniciado el período de la ocupación haitiana de Santo Domingo

 Al asumir Jean Pierre Boyer el mando total de nuestra parte de la isla, las diferencias entre los pobladores eran enormes, sobre todo en la base cultural y política.  Los haitianos poseían una base cultural franco-africana mientras nuestro pueblo era poseedor de una base cultural totalmente hispánica.

 Al dominicano se le obligó por la bota de represión a aceptar el establecimiento de un gobierno militarizado dirigido por Gerónimo de Borgellá en Santo Domingo, al reclutamiento de jóvenes dominicanos para el servicio militar, sustitución de sus símbolos hispanos por los de Haití, el establecimiento de impuestos exhorbitantes, cierre de iglesias, uso obligatorio del idioma francés en asuntos oficiales, e intento (sin éxito) de usarlo en la enseñanza primaria, así como limitación a las actividades religiosas y otras costumbres arraigadas en nuestro pueblo.

Bajo este estado opresivo y humillante nace y se cría Concepción Bona en una familia dominicana que se comprometería totalmente con el ideario de Duarte.  Su abuela María Merced Pérez Díaz Morales se había casado en primeras nupcias en la Villa de San Carlos con Pantaleón Pina y de esa unión habian nacido:  Manuela, Juan Andrés, El Prócer de la Independencia, Ana Santiago, Marcelina y Dominga.

Viuda María Merced se casa en segundas nupcias con Lorenzo Bona, un soldado Corso-Genovés registrado en el Regimiento de Infantería de Puerto Rico 1799 como Sargento Primero de Fusileros.(Simancas Microfilm 116532/Sección Guerra Moderna), que se radica en Santo Domingo donde se enamora y hecha raíces, al poco tiempo nace el hijo de ambos Vicente Ignacio Bona Pérez, conocido por todos como Ignacio Bona.

Ignacio Bona además de ser el hermano menor del Prócer Pina era su mejor compañero y amigo. Juntos comienzan su negocio de “mercadería al detalle”, juntos se inician en el camino de la vida hasta que Ignacio muere joven en septiembre de 1844.

Ignacio Bona y Juan Pina, se casan con dos primas (segundas nupcias de Juan) y procrean dos familia que crecen juntas.  Se establecen uno al lado del otro frente al Baluarte.  Comparten ambas familias las veladas nocturnas, los domingos con la abuela, los cumpleaños, las navidades, y por supuesto las actividades en la Iglesia del Carmen a la cual profesaban una profunda devoción inculcada por María Merced.  Sólo hay que visitar esa iglesia para ver donde están enterrados muchos de ellos. 

Cuando el hijo mayor del Prócer Juan, el Trinitario Pedro Alejandrino Pina (de su primera esposa Mercedes García) funda su escuelita primaria, busca a su prima hermana Concepción y su hermana María de Jesús a las que introduce en labores magisteriales.  El amor y el fervor que ponían las muchachas en la educación de los párvulos, la mayoría de ellos hijos de patriotas, era casi sacro.  Su gran misión era la de educar a aquellos chiquillos bajo nuestras costumbres, idioma y religión. Misión bastante peligrosa si tomamos en cuenta que en ese momento éramos un estado invadido por la bota dictatorial foránea que prohibía todo aquello.

En 1844 cuando Concepción Bona contaba sólo 18 años de edad era una joven perteneciente a una familia ardientemente adscrita a la causa de la Independencia Nacional y totalmente compromentida con los ideales del Patricio Duarte, y es que Concepción el amor a la patria lo llevaba en la sangre, por eso cuando su padre Ignacio Bona estampa la firma número 90 del Manifiesto del 16 de enero, documento que representa el Acta de nuestra Independencia Nacional, lo hace junto a su hermano Juan Pina, pero también junto a Tomás Bobadilla y Briones, Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, y otros trinitarios. Todos amigos y vecinos. 

A esa edad Concepción Bona ya era parte activa en las reuniones de muchachos y muchachas que en los ojos del invasor se congregaban en las tardes a estudiar, pero que realmente complotaban con un solo fín: conquistar la libertad de la Patria. 

Cuando los patriotas escogen a María de la Concepción Bona y Hernández para la gran tarea de plasmar en tela su magnífica obra tricolor concebida por el Patricio Duarte, que nos representaría ante el mundo como una nueva nación que nace libre e independiente, lo hacen confiando esa gran obra a una amiga cercana y plenamente identificada con la causa nacional, pero también sabiendo que se hacía ese encargo una mujer valiente y apasionada, capaz de enfrentar con madurez los riesgos que aquello representaba.   En ese momento se convierte en Patriota junto a su prima María de Jesús Pina.

Concepción Bona supo representar dignamente el papel que el destino le había encomendado, por eso llegado el momento la joven penetra enardecida la escena libertadora que se desarrolla desde la Puerta de la Misericordia hasta el Baluarte del Conde, entre pólvora, cánticos patrióticos, familiares y amigos; y hace la entrega memorable en manos de Sánchez de nuestra primera enseña tricolor, se inmortaliza en la historia. 

Cuando la luz del sol aclaró la mañana del 28 de febrero de 1844, la obra magna de esta heroína nacional ondeaba libre y soberana sobre el Altar de la Patria.  Nacía la República Dominicana. 

Hoy la reconocemos junto a otras Madres de la Patria: Doña Chepita Pérez, María Trinidad Sánchez, María de Jesús Pina, Las hermanas Villa de La Vega , Olaya Sánchez, Manuel Diez, Rosa Duarte, Juan Saltitopa, Baltasara de Los Reyes, Josefa Brea, Ana Valverde, entre otras mujeres que lo arriesgaron todo para que hoy podamos decir con orgullo que somos dominicanos.

 La autora es biznieta María de la Concepción Bona y Hernández , 27febrero.com le agradece su colaboración que a   la vez da prestigio a nuestro Website.

 

 

 

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