27  de  Febrero de 1844
Epopeya  Dominicana

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Lea las noticias del 1844  - El Periódico de la Independencia-


 


EL 27 DE FEBRERO DEL 2016 SE CUMPLE EL 172 ANIVERSARIO DE NUESTRA INDEPENDENCIA NACIONAL ------ VIVAN NUESTROS HEROES NACIONALES---VIVA LA PATRIA----VIVA LA REPUBLICA DOMINICANA------DIOS,  PATRIA Y LIBERTAD.

27 DE FEBRERO
DÍA DE LA INDEPENDENCIA DOMINICANA

En 1844 los dominicanos expulsaron a los haitianos que  ocuparon su país durante 22 años luego de que en 1821 se lograra un acuerdo amistoso de independencia con la Corona Española.

En busca de su propio destino y un futuro mejor, la colonia española en Santo Domingo se separó de España en forma no bélica mediante transacciones pacíficas.

Sin embargo, el ansia de libertad e independencia de los habitantes de la parte española de la isla de Santo Domingo se vio cercenado con la inesperada invasión de nuestro país por el ejército de la vecina nación haitiana.

Durante 22 años ocuparon los haitianos territorio dominicano e intentaron eliminar el idioma y las costumbres. Obligaron a publicar los documentos oficiales en francés y otras medidas que atentaban contra la esencia misma de las tradiciones y cultura de lo que vendría a ser más tarde el pueblo dominicano.

La segunda mitad de febrero presenta en República Dominicana a una intensa agenda de actividades dedicadas a las fiestas patrias en celebración de la Independencia Nacional lograda el día 27 de febrero y en conmemoración de la lucha patriótica de los héroes de la Independencia Nacional.

Aunque Duarte no estaba, los trinitarios no cejaban en sus acciones y en la causa de la libertad del país. Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino Duarte dirigían a los trinitarios, casi sin recursos, hacían circular las ideas en hojas manuscritas, para organizarse y sumar adherentes a las ideas separatistas.

El 16 de enero de 1844, fue redactada por don Tomás Bobadilla, la Manifestación de los pueblos de la parte este de la isla, denominada antes Española o de Santo Domingo, en la que se enunciaban las causas de su separación de la República haitiana. Esta Manifestación sería la ley que regiría la república proclamada,  hasta que se promulgara su constitución.

Esa noche del 27 de febrero de 1844 iban congregándose poco a poco, pequeños grupos de patriotas que provenían de las distintas zonas de la ciudad.

El comienzo de la acción separatista fue indicado por un trabucazo disparado por Matías Ramón Mella en la puerta de la Misericordia, y que fue oído por todos los habitantes de la ciudad.

Aunque Juan Pablo Duarte, el padre de la Patria, se hallaba ausente, la noche del martes 27 de febrero de 1844, en la puerta del Conde de la ciudad de Santo Domingo, la República Dominicana era proclamada por Tomás Bobadilla, Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella, Manuel Jiménez, Vicente Celestino Duarte, José Joaquín Puello, Gabino Pueblo, Eusebio Puello, Eduardo Abreu, Juan Alejandro Acosta, Remigio del Castillo, Jacinto de la Concha, Tomás de la Concha, Cayetano Rodríguez, Félix María del Monte y otros patriotas, quienes expresarían a alas autoridades haitianas su "indestructible resolución de ser libres e independientes, a costa de nuestras vidas y nuestros intereses, sin que ninguna amenaza sea capaz de retractar nuestra voluntad".

Ese  27 de febrero de 1844, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, cuando llegada la noche se dirigían hacia la Puerta del Conde, en el baluarte de San Genaro, izan la bandera dominicana. Ondea en la ciudad de Santo Domingo la bandera bordada por Concepción Bona y su prima María de Jesús Piña, junto con otras damas. La Bandera había surgido de un proyecto presentado por Juan Pablo Duarte y aprobado, el 16 de julio de 1838 en La trinitaria, donde se presentaban los colores y la forma de la enseña que representaría al nuevo estado, que se denominaría República Dominicana.
La cruz blanca la cruz es el símbolo de la lucha de los libertadores para legarnos una patria libre.

Los patriotas habían planeado que en la noche del 27 de febrero tomar posesión de todos los fuertes emplazados en la muralla y del puerto. Para llevar a cabo estas acciones, contaban con la cooperación de varios militares que apoyaban la causa y que estaban dispuestos a entregar sus posiciones y ayudar a tomar la Fortaleza.

Ante el apoyo popular y de diversos grupos que unían sus fuerzas por la libertad, los haitianos se consideraron incapaces de combatir un alzamiento de tal magnitud, y el 28 de febrero se obtuvo la capitulación de la guarnición haitiana.

Manifiesto de los habitantes de la parte del Este de la isla antes Española o de Santo Domingo, sobre las causas de su separación de la República haitiana:

La defensa y el respeto debidos a la opinión de todos los hombres y a la de las naciones civilizadas imponen a un país unido a otro y deseoso de retomar y reivindicar sus derechos rompiendo sus lazos políticos, que declare con franqueza y buena fe los motivos que lo inducen a dar ese paso, a fin de que no se piense que lo ha impulsado un espíritu de curiosidad y de ambición. Creemos haber demostrado con nuestra heroica constancia que deben soportarse los males de un gobierno mientras nos parezcan soportables, siendo mejor eso que hacer justicia o sustraernos a los mismos. Pero cuando una larga serie de injusticias, de violencias y de vejámenes acaba por probar la intención de reducirlo todo a la desesperación y a la más absoluta tiranía, es entonces un sagrado derecho para los pueblos y aun un deber, sacudir el yugo de semejante gobierno y proveer nuevas garantías que les aseguren su estabilidad y su prosperidad futura.

Por el hecho de que los hombres no se han reunido en sociedad sino con el objeto de trabajar en su conservación, que han recibido de la Naturaleza el derecho de proponer los medios y de buscarlos a fin de obtener ese resultado, por esa misma razón, semejantes principios los autorizan a ponerse en guardia, a precaverse de todo lo que puede privarlos de tal derecho, cuando la sociedad se halla amenazada.

Esa es la razón por la cual los habitantes de la parte del Este de la isla, antes Española o de Santo Domingo, valiéndose de sus derechos, impulsados como lo fueron por veintidós años de opresión y oyendo de todas partes las lamentaciones de la patria, han tomado la firme resolución de separarse para siempre de la República haitiana y de constituir un Estado libre y soberano.

Hace veintidós años que el pueblo dominicano, por una fatalidad de la suerte, sufre la más infame opresión: ya sea que ese estado de degradación haya dependido de su verdadero interés, ya sea que se haya dejado arrastrar por el torrente de las pasiones individuales, el hecho es que se le ha impuesto un yugo más pesado y más degradante que el de la antigua metrópoli,

Hace veintidós años que el pueblo, privado de todos sus derechos, se ha visto violentamente despojado de todos los beneficios en los cuales hubiera debido participar si se lo hubiese considerado parte integrante de la República. Y poco faltó para que se le quitara hasta el deseo de sustraerse a tan humillante esclavitud... Cuando en febrero de 1822, la parte oriental de la isla, cediendo tan sólo a la fuerza de las circunstancias, aceptó recibir el ejército del general Boyer que, como amigo, fue más allá de los límites de una y otra parte, los españoles dominicanos no pudieron creer que, con tan disimulada perfidia, hubiera podido faltar a las promesas que le sirvieron de pretexto para ocupar el país y sin las cuales hubiese debido vencer muchas dificultades y hasta caminar sobre nuestros cadáveres, si lo suerte lo hubiese favorecido.

No hubo un solo dominicano que no le recibiera entonces sin demostraciones de simpatía. Por doquier donde pasaba, el pueblo salía a su encuentro; creía encontrar en el hombre que acababa de recibir en el Norte el título de pacificador, la protección que le había sido prometida de una manera tan hipócrita; pero muy pronto, mirando a través del velo que escondía sus perniciosas intenciones, se descubrió que se había entregado el país a su opresor, ¡a un tirano feroz!...

Con él entró en Santo Domingo la maraña de todos los vicios y de todos los desórdenes, la perfidia, la delación, la división, la calumnia, la violencia, la usurpación y los odios personales, desconocidos hasta entonces en el alma de ese pueblo bondadoso...

Sus decretos y sus disposiciones fueron los principios de la discordia y la señal de la destrucción. Por medio de su sistema maquiavélico y que todo lo desorganizaba, obligó a las familias más respetables a emigrar,  y con ellas desaparecieron de la tierra los talentos, las riquezas, el comercio y la agricultura. Alejó de su consejo y de los principales empleos a los hombres que hubieran podido defender los derechos de sus conciudadanos, proponer un remedio a sus males y hacer conocer las verdaderas necesidades del país. Menospreciando todos los principios del derecho público y de gentes, redujo a muchas familias a la miseria y a la indigencia, quitándoles sus propiedades para reunirlas al dominio de la República, darlas a individuos de la parte occidental o venderlas a vil precio a los mismos. Desoló la campiña y destruyó la agricultura y el comercio. Despojó las iglesias de sus riquezas, maltrató y humilló a los ministros de la religión, los privó de sus rentas y de sus derechos y, con su negligencia, dejó que cayeran en ruinas los edificios públicos para que sus lugartenientes se aprovecharan de los destrozos y pudiesen de tal suerte satisfacer la avaricia que traían consigo desde el occidente.

Más tarde, con el objeto de dar a esas injusticias las apariencias de la legalidad, emitió una ley para que se incorporaran al dominio del Estado los bienes de los ausentes, cuyos hermanos y parientes se hallan hasta hoy en la más horrible miseria. Tales medidas no satisfacían su avaricia. Puso también su mano sacrílega en las propiedades de los hijos del Este y autorizó con la ley del 8 de julio de 1824 el latrocinio y el fraude. Prohibió la comunidad de las tierras comunales que, en virtud de convenciones y para la utilidad y las necesidades familiares había subsistido desde el descubrimiento de la isla, y eso con el único fin de que el Estado sacara provecho. Con esa medida, acabó por arruinar las hattes y empobrecer a muchos padres de familia; pero a él poco lo importaba arruinarlo y destruirlo todo...

Tal era la finalidad de su insaciable avaricia.

Dotado de gran imaginación para llevar a cabo la obra de nuestra ruina y reducirlo todo a la nada, imaginó un sistema monetario que redujo insensible y gradualmente a las familias, los empleados, los comerciantes y la mayoría de los habitantes a la más negra miseria. Es con tal criterio y la influencia de su política infernal que el gobierno haitiano propagó sus principios corruptores. Desencadenó pasiones, suscitó espíritu partidario, forjó planes destructores, estableció el espionaje e introdujo la cizaña y la discordia aun en los hogares domésticos... Si un español se atrevía a hablar contra la opresión y la tiranía, era denunciado como sospechoso, se lo encerraba en un calabozo y muchos padecían aun el suplicio para espantar a los demás y hacer morir, conjuntamente con ellos, los sentimientos heredados de nuestros padres. Atormentada y perseguida, la patria no halló otro refugio contra la tiranía que en la intimidad de una juventud afligida y en algunas almas nobles y puras que supieron concentrar sus principios sagrados para relegar la propaganda a tiempos más favorables y devolver la energía a quienes estaban abatidos y estupefactos.

Los veintiún años de la administración corruptora de Boyer se deslizaron de tal suerte y, durante los mismos, los habitantes de la parte oriental experimentaron toda clase de privaciones, verdaderamente innumerables. Trató a esos habitantes con más rigor que a un pueblo conquistado por la fuerza. Los persiguió y les sacó lo que podía satisfacer su avaricia y la de los suyos. En nombre de la libertad, los redujo al estado de servidumbre. Los obligó a pagar una deuda que no habían contraído, exactamente como los habitantes de la parte occidental que se aprovecharon de los bienes extranjeros, mientras nos deben, por lo contrario, las riquezas que nos han usurpado o destinado al fin que más les convenía.

Tal es el triste cuadro del estado de esa parte de la isla cuando el 27 de enero del año pasado, Les Cayes lanzaron en el Sur el grito de reforma. Los pueblos se sintieron en el acto como devorados por un fuego eléctrico. Adhirieron a los principios de un Manifiesto del 1 de septiembre de 1842 y la parte oriental se jactó, pero en vano de que su porvenir sería más dichoso, a tal punto se hallaban de buena fe.

El comandante Riviére fue nombrado jefe de ejecución e intérprete de la voluntad del pueblo soberano. Dictó leyes según su capricho. Estableció un gobierno sin forma legal y donde no estaba incluído habitante alguno de esta parte que ya se hubiera pronunciado a favor de la revolución. Recorrió la isla y, en el departamento de Santiago, sin motivo legal recordó con pena la triste época de Toussaint Louverture y de Dessalines; llevaba consigo un monstruoso estado mayor que por doquier introducía la desmoralización. Vendió los puestos, despojó las iglesias, destruyó las elecciones hechas por los habitantes para tener representantes que defendieran sus derechos, y eso para dejar permanentemente esa parte de la isla en la miseria y en el mismo estado y para conseguir partidarios que lo elevaran a la presidencia, aunque sin mandato especial de sus comitentes. Así fue. Amenazó la Asamblea constituyente y a raíz de extrañas comunicaciones hechas por él al ejército bajo sus órdenes, resultó presidente de la República.

So pretexto de que en esa parte de la isla se pensaba en una separación del territorio a favor de Colombia, llenó los calabozos de Puerto Príncipe con los más ardientes ciudadanos de Santo Domingo, en cuyo corazón reinaba el amor a la patria y que tan sólo aspiraban a una suerte más dichosa, la igualdad de derechos y el respeto de las personas y de las propiedades. Padres de familia se expatriaron de nuevo para librarse de las persecuciones que se les infligía. Y cuando creyó que sus designios se habían realizado y que tenía asegurado el objeto que codiciaba, puso en libertad a los detenidos sin darles ni la menor satisfacción por los insultos y los perjuicios que habían sufrido.

Nuestra condición no ha cambiado ni en lo mínimo. Las mismas vejaciones y los mismos impuestos subsisten y han aumentado aún. El mismo sistema monetario sin garantía alguna prepara la ruina de los pueblos, y una Constitución mezquina que nunca hará honor al país, todo eso ha puesto por doquier el sello de la ignominia privándonos, con una verdadera burla del derecho natural, de la única cosa española que nos quedaba: el idioma natal y ha puesto de lado nuestra venerable religión para que desaparezca de nuestros hogares. Y, en efecto, si esa religión del Estado, cuando era protegida, fue despreciada y vilipendiada conjuntamente con sus ministros, ¿qué será ahora que se halla rodeada de sectarios y de enemigos?

La violación de nuestros derechos, costumbres y privilegios y muchísimas vejaciones nos han revelado nuestra esclavitud y nuestra decadencia y los principios jurídicos que rigen la vida de las naciones deciden la cuestión a favor de nuestra patria como la decidieron a favor de los Países Bajos contra Felipe II, en 1581.

En virtud de tales principios, ¿quién se atreverá a repudiar la resolución del pueblo de Les Cayes cuando se sublevó contra Boyer y lo declaró traidor de la patria?

¿Y quién se atreverá a repudiar nuestra propia resolución de declarar la parte oriental de la isla separada de la República de Haití?

No tenemos obligación alguna con respecto a quienes no nos dan los medios de cumplirla, ningún deber con aquellos que nos privan de nuestros derechos.

Si se consideraba la parte oriental incorporada voluntariamente a la República haitiana, debía gozar de los mismos beneficios y de los mismos derechos de que gozan aquellos con quienes se había aliado, y si en virtud de esa unión estábamos obligados a defender nuestra integridad, ella, por su parte, debía procurarnos los medios de hacerlo; pero faltó a eso violando nuestros derechos, y, por consiguiente, estamos libres de nuestra obligación. Si se consideraba esa parte oriental sometida a la República, con más razón debía gozar sin restricciones de todos los derechos y prerrogativas sobre los cuales había un convenio y que le fueron prometidos y, si no se realiza la única y necesaria condición de su sometimiento, queda libre y enteramente desligada, y sus deberes, en lo que a ella se refiere, le imponen que provea por otros medios a su propia conservación.

Si consideramos esa Constitución con respecto a la de Haití de 1816, veremos que, además del caso singular de una Constitución dada a un país extranjero que no la necesitaba y no había nombrado a sus diputados para discutirla, hay también una escandalosa usurpación, pues en aquella época los haitianos no tenían aún la posesión de esa parte, exactamente como ocurrió con los franceses cuando fueron expulsados de la parte francesa: como no eran los propietarios, no podían abandonarla a los haitianos. Por el tratado de Basilea, esa parte fue cedida a Francia y devuelta a España en ocasión de la paz de París, gracias a la cual fue sancionada la posesión que los españoles hicieron efectiva en 1809 y que continuó hasta 1821, época en que dicha parte se separó de la metrópoli.

Cuando, en 1816, los hijos de occidente revisaron su Constitución, esa parte no pertenecía ni a Haití ni a Francia. En lo alto de las fortalezas flameaba la bandera española, gracias a un derecho indiscutible, y del hecho que los indígenas llamaban Haití a la isla de Santo Domingo no debe deducirse que la parte occidental, que fue la primera en constituirse en Estado soberano con el nombre de República de Haití, tuviera el derecho de considerar la parte del Este u oriental como parte integral, cuando la una pertenecía a los franceses y la otra a los españoles. Lo cierto es, que si la parte oriental debía pertenecer a Francia o a España y no a Haití, pues si nos remontamos a los primeros años del descubrimiento del inmortal Colón, nos damos cuenta de que los orientales tienen más derechos al dominio que los occidentales. Si, por último, se considera esa parte de la isla conquistada por la fuerza, es por la fuerza, si no hay otro modo, que se resolverá la cuestión. Considerando los vejámenes y las violencias cometidos durante veintidós años contra la parte anteriormente española, salta a la vista que ha sido reducida a la más extrema miseria y que se está llevando a cabo su ruina, por lo cual el deber de su propia conservación y de su bienestar futuro la obliga sin más a asegurar con medios convenientes su seguridad, pues lo antedicho constituye un derecho (un pueblo que depende voluntariamente de otro pueblo con el objeto de aprovecharse de su protección, queda libre de toda obligación cuando dicha protección le viene a faltar, o cuando eso ocurre por la impotencia del protector). Considerando que un pueblo obligado a obedecer a la fuerza y que le obedece hace bien, pero que si resiste cuando puede hacer mejor;  considerando, por último, que dada la diferencia de las costumbres y la rivalidad existente entre los unos y los otros, nunca habrá armonía ni perfecta unión, y como además los pueblos de la parte anteriormente española de la isla de Santo Domingo comprobaron durante los veintidós años de su agregación a la República de Haití que no pudieron obtener ventaja alguna, sino al contrario, que se arruinaron, empobrecieron y degradaron y que fueron tratados de la manera más vil y abyecta, han resuelto separarse para siempre de la República haitiana para proveer a su seguridad y a su conservación, constituyéndose, según los antiguos límites, en Estado libre y soberano. Las leyes fundamentales de ese Estado garantizarán el régimen democrático, asegurarán la libertad de los ciudadanos aboliendo para siempre la esclavitud y establecerán la igualdad de los derechos civiles y políticos sin miramientos para con las distinciones de origen y nacimiento. Las propiedades serán inviolables y sagradas; la religión católica, apostólica y romana será, como religión del Estado, protegida en todo su esplendor. Pero nadie será perseguido ni castigado por sus opiniones religiosas. La libertad de prensa será protegida; la responsabilidad de los funcionarios públicos quedará debidamente establecida; la confiscación de bienes por crímenes y delitos será prohibida; la instrucción pública será estimulada y protegida a expensas del Estado; los derechos e impuestos serán reducidos al mínimum; habrá un olvido total de los votos y de las opiniones políticas emitidos hasta este día, y eso mientras los individuos se adhieran de buena fe al nuevo sistema. Los grados y empleos militares serán conservados de acuerdo a las leyes que se establecerán. La agricultura, el comercio, las ciencias y las artes serán igualmente fomentados y amparados. Lo mismo ocurrirá con el estado de las personas nacidas en nuestra tierra o con el de los extranjeros que en ella querrán vivir, en armonía con las leyes. Por último, emitiremos lo más pronto posible una moneda con garantía real y verdadera, sin que el público pierda nada sobre la que tiene con el sello de Haití.

Tal es la finalidad que nos proponemos en nuestra separación, y estamos resueltos a dar al mundo entero el espectáculo de un pueblo que se sacrificará por la defensa de sus derechos y de un país que está dispuesto a reducirse a cenizas y escombros si sus opresores, que se jactan de ser libres y civilizados, persisten en su propósito de imponerle una condición que le parezca aún más dura que la muerte.

En vez de transmitir a nuestros y a la posteridad una esclavitud vergonzosa, nosotros, sobreponiéndonos con firmeza y esperanza a los peligros, juramos solemnemente ante Dios y ante los hombres, que empuñaremos las armas para la defensa de nuestra libertad y de nuestros derechos. Confiamos, sin embargo, en la misericordia divina que nos protegerá e inducirá a nuestros adversarios a una reconciliación justa y razonable para que se evite el derramamiento de sangre y las calamidades de una guerra espantosa que no provocaremos pero que será una guerra de exterminio, si debiera producirse.

¡Dominicanos! (comprendemos bajo esta denominación a todos los hijos de la parte oriental y a quienes quisieran seguir nuestra suerte) el interés nacional nos llama a la unión. Con nuestra firme resolución, mostrémonos los dignos defensores de la libertad; sacrifiquemos en los altares de la patria todo odio y toda personalidad; que el sentimiento del interés público sea el móvil que nos dirige en la santa causa de la libertad y de la separación. Con semejante separación nada hacemos contra la prosperidad de la República occidental y favorecemos la nuestra.

Nuestra causa es sagrada. No nos faltará ayuda, pues ya podemos contar con la que nos procura nuestra tierra, y, si fuera necesario, nos valdríamos del auxilio que los extranjeros pudieran procurarnos en semejante caso.

El territorio de la República Dominicana, estando dividido en cuatro provincias, esto es: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua, desde el límite hasta Ocoa, y Seybo, su gobierno se compondrá de un cierto número de miembros de cada una de esas provincias a fin de que participen de tal suerte y proporcionalmente a su soberanía.

El gobierno provisional se compondrá de una Junta de once miembros elegidos en el mismo orden. Esa Junta tendrá en su mano todos los poderes hasta que se redacte la Constitución del Estado. Determinará la manera a su juicio más conveniente para conservar la libertad adquirida y nombrará, por fin, jefe supremo del ejército, obligado a proteger nuestras fronteras, a uno de los más distinguidos patriotas, poniendo bajo sus órdenes a los subalternos que le sean necesarios.

¡Dominicanos! ¡A la unión! Se presenta el momento más oportuno. De Neyba a Samaná y de Azua a Montecristi las opiniones son unánimes y no hay un solo dominicano que no grite con entusiasmo: Separación, Dios, Patria y Libertad.

 

Contribución de un anónimo


La Gesta de 1844




Puestos en contacto los conspiradores de la Reforma Haitiana con los conspiradores de la Separación Dominicana, se inició el plan para derrocar a Boyer, quien llevaba 25 años como gobernante de Haití, y 21 años gobernando a los dominicanos. La revuelta militar se inició en Praslin, una finca perteneciente a Charles Herard, quien contaba con el apoyo de hombres experimentados en asuntos públicos y con algunos de los cuales se formaría un gobierno provisional. El derrocamiento de Boyer se produjo en marzo de 1843, después de algunos choques armados.

Cuando la noticia de tal acontecimiento llegó a Santo Domingo, produjo un ambiente de agitación que amotinó a grupos dominicanos y haitianos antiboyeristas. Al mando de Duarte, del ex-diputado Alcius Ponthieux y del General Desgrotte, los amotinados con el grito de Viva la Reforma! intentaron apoderarse de lafortaleza de la ciudad, pero fracasaron cuando tropas gubernamentales los hicieron dispersarse y escapar a San Cristóbal.

Con el apoyo de la guarnición de dicho poblado se organizaron, logrando que moradores de Azúa y de Bani formaran parte de un ejército de unos 2,000 hombres que marcharon a Santo Domingo, obligando a que el General Carrié renunciara al mando. En consecuencia, se formó una Junta Popular y Civil en Santo Domingo que sustituyó el gobierno del General Carrié. Varias juntas se formaron en otras localidades, siempre integradas por dominicanos y haitianos partidarios de defender la Reforma. Duarte participó activamente en la organización de las mismas.

El Gobierno Provisional que encabezaba Charles Herard convocó a las diversas juntas para elegir las autoridades municipales y también los diputados de la Asamblea Constituyente de la República, que debían redactar una constitución-liberal. Un grupo de dominicanos se hicieron partidarios de una posición autonómica sin romper con la indivisibilidad de la isla. El grupo dirigió a la Junta Popular de Santo Domingo una petición en la que se señalaba que al no ser considerada la región del Este como un territorio conquistado,
se le debía permitir escribir sus documentos oficiales en español, como también la observación del catolicismo, y de usos y costumbres locales.

Se creó además un ambiente de tensiones, de denuncias, de sospechas. La posición de los autonomistas originó debates entre dominicanos y haitianos.
Estos últimos comenzaron a evidenciar que la unidad insular estaba en peligro. Para mediados de 1843, no sólo la agitación separatista publicaba
todo tipo de documentación antihaitiana, sino que inclusive muchos trinitarios salieron triunfadores en las elecciones municipales, y trabajaban abiertamente contra la dominación que llevaba casi 22 años.
La movilidad de los separatistas y en especial la de los Trinitarios le fue denunciada a Herard, quien decidió supervisar la zona dominicana, y quien al Ilegal a Dajabón descubrió que pese a los esfuerzos del predominio haitiano, los habitantes del Este seguían manteniendo su idioma y sus costumbres. En
Santiago se inició la persecución de los Separatistas con el arresto de numerosos patriotas. Después continuó en Macorís y Cotui donde Ramón Mella fue hecho prisionero.

Al Ilegar a Santo Domingo, Herard Constató con más certeza la rebeldía antihaitiana, al ser recibido con cierta hostilidad por parte de muchos ciudadanos de origen español quienes habían cerrado las puertas de sus casas en señal de protesta. Los Trinitarios tuvieron que desbandarse ante el despliegue militar efectuado por Herard para tomar el control y así detener la marcha de los acontecimientos separatistas.

Perseguidos con tenacidad, Duarte y algunos compañeros tuvieron que embarcarse clandestinamente rumbo a Saint Thomas, mientras otros tuvieron que ocultarse, o como Sánchez, fingir enfermedad. En medio de estas circunstancias, los Trinitarios se vieron desorganizados, pero pudieron recuperarse al quedar su movimiento de independencia bajo el liderazgo de Francisco del Rosario Sánchez. Obligados a la clandestinidad, los Trinitarios se dividieron en dos grupos. Mientras uno estaba al mando de Sánchez y de
Vicente Celestino Duarte, el otro estuvo dirigido por Mella, quien había sido dejado en libertad. En el exterior, Duarte buscó armamentos y otros recursos, principalmente en Venezuela y Curazao. Al no tener el éxito esperado, ordenó hacer uso de los bienes familiares en beneficio de la causa independizadora.

Además de los Trinitarios, los Separatistas afrancesados se movilizaron calladamente y obtenían el beneplácito del Sr. Levasseur, Cónsul general de Francia en Puerto Príncipe. A través de él ofrecieron entregar Samaná si Francia apoyaba o protegía la Separación. Contando con tal apoyo Bueneventura Báez y sus seguidores planearon dar un golpe en abril de 1844.


Enterados del plan de los afrancesados, los Trinitarios decidieron adelantarse. Para enero de 1844, algunos hombres públicos como Tomás Bobadilla habían sido incorporados al movimiento. También para esa fecha publicaron un manifiesto como contraparte a otro publicado por los afrancesados en Azua.
Mientras estos últimos justificaban la necesidad de separarse de Haití y acogerse a la protección de Francia, los Trinitarios invitaban a la rebelión abierta. En el manifiesto que hicieron circular profusamente, y el cual redactó Bobadilla, se establecía "el deber de los pueblos de sacudir el yugo", al mismo tiempo que anunciaba los males que había engendrado la ocupación haitiana, pero sin incitar al odio o a la venganza".

Para febrero, la situación de Santo Domingo hacía propicio llevar a cabo el plan de la separación, como también las condiciones del gobierno de Herard, quien enfrentaba numerosos problemas en Puerto Príncipe y otras zonas occidentales, razón por la cual se había retirado de la región dominicana meses atrás con el apoyo de los hateros seibanos, los Trinitarios acordaron reunirse en la Puerta de la Misericordia el día 27 por la noche, y de allí marchar hasta el Baluarte del Conde, al mismo tiempo que se posesionaban de algunos sitios estratégicos. Una vez en el Baluarte izaron la bandera, y en medio de la agitación, las tensiones del momento y de un breve tiroteo que se produjo, proclamaron la independencia. La misma no sólo constituía el fin del predominio haitiano, sino el nacimiento de la Republica Dominicana.



Nota: datos tomados del libro "VISION GENERAL DE LA HISTORIA DOMINICANA" por Valentina Peguero y Danilo de los Santos.

 

 

Acta de Independencia de 1863


 



"NOSOTROS, los habitantes de la Parte Española de la Isla de Santo Domingo, manifestamos por medio de la presente Acta de Independencia, ante Dios, el mundo entero, y el Trono de España, los justos y leales motivos que nos han obligado a tomar las armas para restaurar la República Dominicana y reconquistar nuestra Libertad. El primero, el mis precioso de los derechos con que el hombre fue favorecido por el Supremo Hacedor del Universo, justificando así nuestra conducta arreglada y nuestro indispensable obrar, toda vez que otros medios suaves y persuasivos, uno de ellos muy elocuente, nuestro descontento empleado oportunamente, no han sido bastantes para persuadir al Trono de Castilla, de que nuestra anexión a la Corona no fue obra de nuestra espontánea voluntad, sino el querer fementido del General Santana y de sus secuaces, quienes en la desesperación de su indefectible caída del poder, tomaron el partido de entregar La República, obra de grandes y cruentos sacrificios, bajo el pretexto de anexión al Poder de España, permitiendo que descendiese el pabellón cruzado, enarbolado por el mismo General Santana, a costa de Ia sangre del Pueblo Dominicano con mil patíbulos de triste recordación.
"Por magnánimas que hayan sido las intenciones y acogida de S. M. Doña Isabel (Q. D. G.), respecto del Pueblo Dominicano, al atravesar el Atlántico y al ser ejecutadas por sus mandatarios subalternos, ellas se han transformado en medidas bárbaras y tiránicas, que este pueblo no ha podido ni debido sufrir. Para así probarlo, hasta decir que hemos sido mandados por un Buceta y un Campillo, cuyos hechos son bien notorios.

La anexión de la Republica Dominicana a la Corona de España ha sido Ia voluntad de un solo hombre que la ha domeñado; nuestros mis sagrados derechos, conquistados con 18 años de inmensos sacrificios, han sido traicionados y vendidos; el Gabinete de la Nación Española ha sido engañado, y engañados también muchos de los dominicanos de Valía e influencia, con promesas que no han sido cumplidas, con ofertas luego desmentidas. Pronunciamientos, manifestaciones de los pueblos arrancadas por la coacción, ora moral, ora física de nuestro opresor y los esbirros que le rodeaban, remitidas al Gobierno Español, le hicieron creer falsamente nuestra espontaneidad para anexarnos; empero, muy en breve, convencidos los pueblos del engaño y perfidia, levantaron su cabeza y principiaron a hacer esfuerzos gloriosos, aunque por desgracia inútiles al volver de la sorpresa que les produjera tan monstruoso hecho, para recobrar su Independencia perdida, su libertad anonadada-. Díganlo si no, las víctimas de Moca, San Juan, Las Matas, El Cercado, Santiago, Guayubín, Monte Cristi, Sabaneta y Puerto Plata.
"¿Y cómo ha ejercido la España el dominio que indebidamente adquirió sobre unos pueblos libres? -La opresión de todo género, las restricciones y la exacción de contribuciones desconocidas e inmerecidas, fueron muy luego puestas en ejercicio.

"¿Ha observado por ventura para con un pueblo que se le había sometido, aunque de mal grado, las leyes de los piases cultos y civilizados, guardando y respetando cual debía, las conveniencias, las costumbres, el carácter y los derechos naturales de todo hombre de sociedad? Lejos de eso: los hábitos de un pueblo libre por muchos años han sido contrariados impolíticamente, no con aquella luz vivificadora y que ilustra, sino con un fuego quemante y de exterminio. -Escarnio, desprecio, marcada arrogancia, persecuciones y patíbulos inmerecidos y escandalosos, son los tinicos resultados que hemos obtenido, cual corderos de los subalternos del Trono Español, a cuyas manos se confiara nuestra suerte.

"El incendio, la devastación de nuestras poblaciones, las esposas sin sus esposos, los hijos sin sus padres, la pérdida de todos nuestros intereses, y Ia miseria en fin; he aquí los gajes que hemos obtenido de nuestra forzada y falaz anexión al Trono Español-. Todo lo hemos perdido; pero nos quedan nuestra Independencia y Libertad, por los cuales estamos dispuestos a derramar nuestra última gota de sangre.

"Si el Gobierno de España es político; si consulta sus intereses y también los nuestro, debe persuadirse de que a un pueblo que por largo tiempo ha gustado y gozado la libertad, no es posible sojuzgárselo sin el exterminio del último de sus hombres. De ello debe persuadirse la Augusta Soberana Doña Isabel II, cuya hermosa alma conocemos, y cuyos filantrópicos sentimientos confesamos y respetamos; pero S.M. ha sido engañada por la perfidia del que fue nuestro Presidente, el General y la de sus Ministros; y lo que ha tenido un origen vicioso, no puede ser válido por el transcurso del tiempo.

"He aquí las razones legales y los muy justos motivos que nos han obligado a tomar las armas y a defendernos, como lo haremos siempre, de la dominación que nos oprime, y que viola nuestros sacrosantos derechos, así como de leyes opresoras que no han debido imponérsenos.

"El mundo conocerá nuestra justicia, y fallará. El Gobierno Español deberá conocerla también, respetarla y obrar en consecuencia.

Santiago de los Caballeros, Septiembre 14 de 1863.

 

 

 


NOTICIA DE ULTIMO MINUTO   -   NOTICIA DE ULTIMO MINUTO
 

EL CLARIN DOMINICANO

(Contribución tomada Diario Libre)


 

Toda la sociedad de Santo Domingo apoya Independencia
 

La Independencia concitó el apoyo de todas las clases sociales del país como se prueba por las firmas de la "Manifestación de los Pueblos del Este",
primer documento de la esperada República Dominicana

 

Tomás Bobadilla

Santo Domingo, 2 de febrero de 1844. . Lo más selecto de la sociedad, de la juventud, del comercio y los profesionales de la ciudad de Santo Domingo, capital del nuevo estado, apoya la independencia de la Parte Este, como se puede comprobar por las firmas que aparecen al pié de la "Manifestación de los Pueblos de la Parte del Este de la Isla antes Española o de Santo Domingo, sobre las causas de su Separación de la República Haitiana", primer documento oficial del nuevo Estado.

Personalidades de la ciudad aparecen junto a veteranos políticos en el comunicado que anuncia la independencia.

Las firmas están encabezadas por Tomás Bobailla y Briones, conocido funcionario público y político y le siguen los líderes del partido de la “Pura y Simple”, que encabeza Juan Pablo Duarte, ahora en el exilio en Curaçao, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez.

Entre los firmantes figuran también Manuel Jiménes, propietario de alambiques, Félix Mercedario, el licenciado Valverde, conocido médico, Pedro Bobadilla, abogado, Silvano Pujol, maestro de escuela, José M. Caminero, médico y traductor de los tribunales, Pedro Mena, Tomás Concha, Juan Nepomuceno Ravelo, Joaquín Puello, Hipólito Billini, Felipe Alfau, coronel de la guardia nacional, Félix María Ruíz, José María Serra, periodista y maestro, Alejandro Bonilla, defensor público, y otros.

Se sabe que el movimiento tiene simpatizantes en todo el país, que están a la espera del golpe para sumarse a la causa de la independencia.  En próximas ediciones de El Diario de la Independencia  iremos ofreciendo los nombres  de patriotas de otras ciudades del país asociados a la causa de la liberación nacional

Se ha resaltado el hecho de que los firmantes han puesto en peligro sus vidas con esa acción, pues en caso de fracasar su plan, la represión de que serían objeto por parte de las autoridades haitianas sería muy severa, como ya ha ocurrido en el pasado.

Sin embargo, se asegura que la disposición de todo el pueblo dominicano es la de expulsar a los haitianos del territorio, y lo prueba la firma en el documento de los hermanos Pedro y Ramón Santana, naturales de El Seibo, y quienes cuentan con grandes simpatías en la región del Este del país.

El nombre de Pedro Santana, conocido hatero del Este, es barajado como jefe del ejército que se formará al proclamarse la nueva  república.

Seguimos en espera de los acontecimientos, pues nos parece que estos meses van a ser de mucha gloria para los habitantes de la Parte Este de la Isla de Santo Domingo.

La Manifestación...

Fragmento

Considerando que un pueblo que está obligado a obedecer a la fuerza y obedece, hace bien, y que luego que puede resistir y resiste, hace mejor. Considerando, por último, que por la diferencia de costumbres y la rivalidad que existe entre unos y otros, jamás habrá perfecta unión y armonía: los pueblos de la parte antes española de la Isla de Santo Domingo... han resuelto separarse para siempre de la República Haitiana, para proveer a su seguridad y conservación, constituyéndose bajo sus antiguos límites, en un estado libre y soberano, en el cual, y bajo sus leyes fundamentales protegerá y garantizará el sistema democrático; la libertad de los ciudadanos aboliendo para siempre la esclavitud; la igualdad de los derechos civiles y políticos sin atender a las distinciones de origen ni de nacimiento; las propiedades se dan inviolables y sagradas; la Religión Católica, Apostólica y Romana será protegida en todo su esplendor como la del Estado, pero ninguno será perseguido ni castigado por sus opiniones religiosas; la libertad de la imprenta será protegida; la responsabilidad de los funcionarios públicos será asegurada; no habrá confiscaciones de bienes por crímenes ni delitos; la instrucción pública será promovida y protegida a expensas del Estado...

Los grados y empleos militares serán conservados... La agricultura, el comercio, las ciencias y las artes serán igualmente promovidas y protegidas, lo mismo que el estado de las personas nacidas en nuestro suelo, o la de los extraños que vengan a habitar en él con arreglo a las leyes,

Dividido el territorio de la República Dominicana en cuatro provincias, a saber: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua desde el límite hasta Ocoa, y Seibo, se compondrá el Gobierno de un cierto número de miembros de cada una de ellas para que así participen proporcionalmente de su soberanía.

 

La Copla popular toma partido

A raíz de las persecuciones iniciadas por el presidente haitiano Charles Herard ainé contra los patriotas a mediados del año pasado 1843, comenzaron a circular coplas que ridiculizaban la pretendida independencia de los dominicanos, que eran respondidas por éstos.  A continuación se ofrece una muestra de ellas:

En contra de la independencia:

Dónde está la cuadrilla

de la loca independencia?

Qué dirán de su Excelencia

los restos de esa pandilla?

Parece que “El Grillo” chilla

Y en su chillido imponente

da gozo al inocente

y aterra al insano,

yo puedo gritar ufano

Viva el digno presidente.

A favor de la independencia :

Preguntas por la cuadrilla

de la loca independencia,

para después en su audiencia

ir a mendigar la silla?

Tú sí que eres polilla

que con villano aguijón

roe la nueva facción,

la que después te engrandece,

porque esto siempre acontece

al que no tiene opinión

Tomás Bobadilla redactó Manifestación

El diario de la Independencia ha sabido, de fuentes que le merecen entero crédito, que el texto de la "Manifestación de los Pueblos de la Parte Este" fue redactada por el conocido político y hombre público don Tomás Bobadilla y Briones

El sagaz político, del cual se conocía que no era afecto al nuevo orden de cosas, luego de servir al gobierno de Boyer por muchos años, se unió al movimiento independentista  a sugerencia del joven Matías  Ramón Mella, quien lo motivó a aportar su veteranía y su conocimiento del medio a las fuerzas de la separación.

Bobadilla, jurisconsulto con unos 60 años de edad nacido en Neyba, será muy útil a la causa a pesar de su conocido conservadurismo, y su firma, primera del documento, hace augurar un papel  protagónico  en el nuevo orden.

 



Duarte aporta sus bienes a la Independencia

 

Escribe carta a sus familiares desde Curaçao pidiéndoles que entreguen sus bienes a la causa de la Independencia.

Juan Pablo Duarte

Rosa Duarte

Curaçao, 4 de febrero de 1844. En un gesto sin precedentes en la historia del país, el líder del movimiento independentista, Juan Pablo Duarte, ahora exiliado en esta isla, ha resuelto donar sus bienes y los de su familia, a la causa de la independencia.

En una carta que enviara en fecha de hoy a su familia en la ciudad de Santo Domingo, Duarte pide a su madre y hermanos “que ustedes de mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente, ofreceremos en aras de la Patria lo que a costa de amor y trabajo de nuestro finado padre hemos heredado”.

La solicitud, que sabemos constituirá un tremendo golpe de efecto sicológico entre los integrantes del movimiento emancipador, es una última muestra del desprendimiento y del sentido patriótico del que ya es considerado Padre de la Patria por la juventud de Santo domingo.

En la correspondencia, cuyo texto aparece en otro lugar de esta edición, Duarte afirma que “independizada la Patria, puedo hacerme cargo del almacén, y heredero del ilimitado crédito de mi padre y de sus conocimientos en el ramo de la marina, nuestros negocios mejorarán…”

Como puede verse, Duarte tiene una confianza absoluta en el triunfo de su idea de libertad y en la suerte de este país, pues se compromete a realizar todos los esfuerzos para rescatar las propiedades de su difunto padre luego de proclamada la emancipación.

El padre de Duarte, el comerciante Juan José Duarte, falleció el 25 de noviembre de 1843, cuando ya el fundador de La Trinitaria se encontraba exiliado a consecuencia de la persecución desatada en su contra por las autoridades haitianas, conocedoras de sus planes de emancipación patria.

La primera solicitud de ayuda a Duarte para los propósitos independentistas ocurrió a finales del año pasado de1843, cuando Francisco del Rosario Sánchez le envió una carta secreta, de la cual El Diario de la Independencia ha obtenido copia.

El texto de la mencionada carta dice así: “Juan Pablo Duarte: con el señor José Ramón Chaves Hernández te escribimos imponiéndote del estado político de la ciudad y de la necesidad que tenemos de que nos proporciones auxilios para el triunfo de nuestra causa; ahora aprovechamos la ocasión del señor Buenaventura Freites para repetirte lo que en otras ocasiones te decíamos, por si no han llegado a tus manos.  Después de tu salida todas las circunstancias han sido favorables; de modo que sólo nos ha faltado combinación para haber dado el golpe; a esta fecha los negocios están en el mismo estado que tú los dejaste, por lo que te pedimos, así sea a costa de una estrella del cielo, los efectos siguientes:

2,000 ó 1,000, ó 500 fusiles, a lo menos;

4,000 cartuchos, 21/2 ó 3 quintales de plomo;

500 lanzas o las que puedas conseguir.

En conclusión: lo esencial es un auxilio por pequeño que sea, pues éste es el dictamen de la mayor parte de los encabezados.  Esto conseguido deberás dirigirte al puerto de Guayacanes siempre con la precaución de estar un poco retirado de tierra, como una o dos millas, hasta que se te avise o hagas señas, para cuyo efecto pondrás un gallardete blanco si fuere de día, y si fuere de noche, pondrán encima del palo mayor un farol que lo ilumine todo, procurando, si fuere posible, comunicarlo a Santo Domingo para ir a esperarte a la costa el nueve de Diciembre, o antes, pues es necesario temer la audacia de un tercer partido, o de un enemigo nuestro estando el pueblo tan inflamado…”

Como es sabido, Duarte no pudo obtener los recursos pedidos y el plan de la independencia en diciembre se fue a pique.  Quizás este fracaso, motiva la decisión actual del fundador de La Trinitaria de desprenderse de sus bienes y de los de su familia para entregarlos a la causa de la Patria.

Texto de la carta de Duarte a su familia

Curaçao, 4 de febrero de 1844.-

Mi querida madre y hermanos:

El único camino que encuentro para poder reunirme con Ustedes de independizando la Patria.  Para conseguirlo se necesitan recursos, supremos recursos, y cuyos recursos son: que Ustedes de mancomúm conmigo y nuestro hermano Vicente, ofrendemos en aras de la Patria lo que a costa de amor y trabajo de nuestro finado padre hemos heredado.  Independizada la Patria, puedo hacerme cargo del almacén, y heredero del ilimitado crédito de nuestro padre y de sus conocimientos en el ramo de marina, nuestros negocios mejorarán, y no tendremos por qué arrepentirnos de habernos mostrado dignos hijos de la Patria.

 


Consul  Francés Anticipa Independencia Nacional

El vicecónsul francés en la ciudad de Santo Domingo Eustache Juchereau de Saint Denys, en carta enviada ayer a sus superiores en Francia, anticipa la fortaleza del movimiento independentista y prácticamente da como un hecho la emancipación de los dominicanos.

En su larga carta, el vicecónsul, llegado a esta ciudad del pasado día 13 de enero, describe el estado de la situación de la parte del Este, las actitudes de la población y otros detalles no menos importantes.

En la misiva, el cónsul Saint Denys afirma que “fatigados del yugo odioso que una administración antipática y molestosa hacía pesar diariamente sobre ellos, los pobladores del Este de Haití y principalmente los de Santo Domingo, parecían decididos, después de largo tiempo, a apelar a las armas para terminar con una dominación que consideran a la vez tiránica y deshonrosa.  Sin embargo, demasiado débiles y demasiado dispersos para poderse prometer algún éxito en una tentativa desesperada, sienten la necesidad de asegurarse el apoyo de una nación extranjera; y con este fin han sucesivamente elevados sus votos de simpatía hacia Colombia, hacia España y hacia Francia”.

Al explicar las razones que mueven a los dominicanos en dirección a esos países, afirma que “Inglaterra no les inspira/ ninguna confianza.  La diferencia de religión es la causa principal de la repugnancia...”.

Con relación a los ánimos para la independencia, el vicecónsul afirma que “Una ruptura completa con el oeste, aún al precio más oneroso y de los más penosos sacrificios, parece ser hoy, el pensamiento único, la voz  unánime de las provincias del Este de Haití”.

Saint Denys habla de que “los ánimos están muy inflamados”, y de que todo parece anticipar una reacción a corto plazo frente a la dominación haitiana.

En su nota, el vicecónsul cuenta de las diligencias acerca de un protectorado francés para la parte del Este realizadas por los dominicanos que formaban parte de la Asamblea Constituyente haitiana ante él y luego, por las razones que explica en la carta, ante cónsul Levasseur, a través de su secretario, el señor Barrot y de “un tal señor Dupon, recientemente llegado de tierra firme”.

Sin embargo, el funcionario francés habla también de grupos de interés y del “impaciente ardor” de una juventud difícil de contener. A través de esta afirmación puede verse hasta dónde han llegado las prédicas de la Independencia entre la juventud de Santo Domingo.

Por su dominio de la situación, Saint Denys jugará un papel importante en los acontecimientos que se avecinan, pues se sabe que su nombramiento forma parte de los planes de un sector de los separatistas de construir un estado libre bajo la protección de Francia.


 

 

La Dominación Haitiana cumple 22 años
 

Rendición. La entrega de las llaves de la ciudad a Boyer tuvo lugar el 9 de febrero de 1822

José Núñez de Cáceres
Jean Pierre Boyer

Santo Domingo, 8 de febrero de 1844.-  Mañana día 9, se cumplen veintidós años del inicio de la dominación haitiana de la parte Este de  la Isla de Santo Domingo.  No se han previsto actos para celebrar la fecha.

La dominación haitiana se inició formalmente el 9 de febrero de 1822, cuando el Dr. José Núñez de Cáceres, entonces presidente del recién formado Estado Independiente del Haití Español entregó las llaves de la ciudad de Santo Domingo al presidente haitiano Jean Pierre Boyer.

La compleja serie de hechos que culminarían con este resultado se iniciaron varios años atrás, según algunos, y según otros en el siglo XVII cuando la corona española ordenó la despoblación de los pueblos de la banda del Norte Puerto Plata, Monte Cristi, Bayajá y Yaguana, por comerciar con enemigos de España y los trasladó a la parte este de la isla, dejando totalmente despoblada la zona, en la cual se establecieron, años más tarde, antiguos piratas de diversas nacionalidades, pero principalmente franceses.

En el ínterin, ocurrieron en el mundo hechos muy importantes que afectaron la política interna de los dos pueblos.

El descalabro de España como potencia mundial, que trajo consigo el abandono de la parte española de la Isla, fue el primer hecho de importancia.

En 1776 ocurre la independencia de los Estados Unidos que dará un notable impulso a la producción en Haití, que suplirá ahora al naciente estado, pues la guerra con Inglaterra impedirá el suministro de productos desde su fuente metropolitana habitual.

Trece años después, en 1789, se proclamará la revolución francesa, con la toma de la Bastilla, en la que se declaró la igualdad de todos los hombres independientemente de su nacimiento o del color de su piel.

Una declaración semejante tuvo graves repercusiones en la colonia francesa de la isla y lo que siguió fue una guerra civil mezclada con la guerra internacional que comenzó como la reacción de las monarquías europeas contra los acontecimientos en suelo francés.

Esa guerra la perdió España y traspasó por el Tratado de Basilea de 1795 a Francia, la parte Este de la Isla. En ese momento el país galo no podía hacerse cargo de la isla entera y comisionó al hombre que había defendido los colores franceses en la parte occidental para que la tomara en su nombre. Toussaint Louverture, antiguo esclavo, ahora convertido en estadista, sería el encargado de ejecutar la orden francesa.

Bajo su gobierno, los dominicanos vieron por primera vez una constitución, y sufrieron el rigor de una masiva emigración de españoles hacia Cuba, Puerto Rico y Venezuela, principalmente, que todavía eran posesiones españolas.

Reagrupados ya los franceses bajo Napoleón, envían fuerzas extraordinarias para someter a los antiguos esclavos y es aquí cuando, luego de dos años de lucha, se proclama la independencia de Haití, el 1 de enero de 1804.

La parte antigua española quedó bajo la soberanía francesa y esto provocó ataques haitianos que culminaron con horrendos hechos de sangre como el degüello de Moca y de Santiago y otras abominables acciones. Estos hechos fueron creando un fuerte sentimiento antihaitiano en la población.

Los dominicanos decidieron entonces sacudirse del yugo francés e iniciaron un movimiento denominado “La Reconquista” que lideró el hacendado Juan Sánchez Ramirez, natural de Cotuí. El movimiento fue exitoso y se inició el período conocido como “La España Boba”, por la postración de todas las actividades en el país.

El desencanto con la situación motivó a personalidades del país a buscar una salida independentista, y un grupo de burócratas de la ciudad de Santo Domingo encabezados por José Núñez de Cáceres planeó un golpe contra las autoridades españolas con el supuesto apoyo de la Gran Colombia, la república que fundara el libertador Simón Bolívar en América del Sur. Al mismo tiempo, tenían lugar pronunciamientos de pueblos del norte auspiciados por Boyer, que proclamaban la independencia de España y se acogían a la protección de Haití. Andrés Amarante, en Beler y Dajabón, fue el primero en realizar estos pronunciamientos.

Consciente de lo apremiante de la situación, los complotados de Santo Domingo pronunciaron la independencia el 30 de noviembre de 1821, a cuyo movimiento reaccionó el presidente haitiano con una invasión que culminó, como ya dijimos, con la entrega de las llaves de la ciudad de Santo Domingo, en señal de sumisión. Así se inició la dominación haitiana que mañana cumplirá 22 años.

El Diario de la Independencia inicia, a partir de hoy, un análisis de lo que ha significado este hecho histórico para los dominicanos.

Los Artículos 40 y 41 de la Constitución Haitiana de 1816

Art. 40.- La isla de Haití (antes llamada Santo Domingo) con las islas adyacentes que de ella dependen, forma la República de Haití.

Art. 41.- La República de Haití es una e indivisible, su territorio de organiza en los siguientes departamentos: Sur, Oeste, Artibonite y Norte; cuyos límites fueron establecidos por la ley de la Asamblea Central de Santo Domingo con fecha 10 de julio de 1801. Los demás Departamentos serán designados por una ley que fijará sus límites.

 

Proclama de Boyer de inicio a la Dominación Haitiana

(Fragmento)

El pabellón nacional flota sobre todos los puntos de la Isla que habitamos! Sobre este suelo  de libertad ya no hay esclavos, y no formamos todos sino una sola familia, cuyos miembros estan unidos para siempre entre sí por una voluntad simultánea, que dimana de la concordancia de los mismos intereses; y así estan en su entera ejecución los artículos 40 y 41 de nuestra Constitución.

Mas para hacer durable la obra de nuestra reunión y consolidar la independencia de nuestro país, es necesario tomar en lo pasado lecciones de experiencia que os enseñen á evitar los escollos que no habéis superado sino por un valor y heróicos sacrificios;

Y voz ciudadanos de la parte del Este, voz habeis sido desgraciados por largo tiempo; leyes arbitrarias y prohibitivas os han obligado a vivir en medio de las privaciones y del atortolamiento; con todo había combatido para recobrar vuestros derechos; pero los que estaban encargados de dirigiros os volvieron á poner bajo la dependencia de la metrópoli que os había repelido de su seno traficando con vuestra sumisión.  Al fin os habeis movido espontáneamente, habeis querido ser libres y haitianos como nostros, y lo habeis conseguido: olvidad pues vuestra antigua condición, no pensar sino en la de que vais a gozar; abrid vuestros corazones á  la alegría: vuestra confianza en el gobierno no será engañada; éste se ocupará del cuidado de curar las profundas llagas que ha formado en vosotros un sistema antiliberal...

Haitianos, ¡en vano pretenderian nuestros enemigos alarmar las potencias estrangeras sobre la reunión de todo nuestro territorio! Los principios establecidos por los artículos 40 y 41 de nuestra constitución, que nos dan el océano por limite son tan generalmente conocidos como los designados en el articulo 5 del mismo acto, y por los cuales nos hemos obligada á no hacer jamas empresa alguna tendente á tumbar la paz de nuestros vecinos.

Viva la independencia! Viva la Libertad! Viva la República!

Boyer

Dado en el Palacio nacional de Santo Domingo á 9 de Febrero de 1822. Año 19 de la Independencia de Haití.

 


DE ULTIMA HORA - DE ULTIMA HORA

Rebeliones contra la Dominación Haitiana
 

Se describen las principales conspiraciones contra el régimen de Boyer, comenzando por la "Revolución de Los Alcarrizos"

 
 
Cuatro de los conspiradores de Los Alcarrizos fueron fusilados.

Santo Domingo, 10 de febrero de 1844.- . Una de las primeras manifestaciones de que la unidad de los dominicanos bajo el nuevo orden de cosas patrocinado por los haitianos no era unánime, lo constituyó la denominada “Revolución de Los Alcarrizos” que estalló a principios de 1824, es decir, dos años después del inicio de la dominación haitiana.

Este movimiento tenía por objetivo destruir el dominio haitiano y pasar a la parte del Este, de nuevo, bajo la bandera de España. Recibió su nombre de la población, cercana a Santo Domingo, de donde provenía uno de sus principales cabecillas. 

El 15 de febrero de 1824 se celebró una reunión para ultimar los detalles de la rebelión que encabezaba Baltazar de Nova, y que tenía como protagonistas al cura Pedro González, párroco de Los Alcarrizos; Lázaro Núñez, capitán de la misma sección y José María de Altagracia, de Higüero. Sin embargo, el cabecilla Nova tuvo la imprudencia de adelantarse a la hora del golpe, reuniendo hombres a la vista de todos en las inmediaciones del poblado de San Carlos, los cual puso en alerta a las autoridades encabezadas por el gobernador Borgellá, quien reunió unos 200 hombres del regimiento haitiano No. 12 para perseguir y dispersar a los amotinados.

Los capturados, como era de esperarse, fueron sometidos a juicio, y condenados el 8 de marzo, a la pena de muerte Lázaro Núñez, José María de Altagracia, Facundo de Medina y Juan Jiménez.

El presbítero Pedro González, Ignacio de Suárez, José Ramón Cabral y José Figueredo, fueron condenados a cinco años de prisión y otros más a penas menores. La sentencia fue ejecutada al día siguiente.

La severidad de las penas motivó a otros dominicanos no afectos con el nuevo estado de cosas a emigrar del país. De las regiones del Cibao, se citan a los Rojas, Espaillat, Pichardo, Portes, Salcedo y Del Monte, como del grupo de los emigrantes que salieron hacia Puerto Rico y Cuba.

El cabecilla de la rebelión, Baltazar de Nova, fue juzgado en contumacia y condenado a muerte, pero pudo escapar por el puerto de Cabo Haitiano. Se ha sabido que falleció hace algunos años en Venezuela.

Esta rebelión fue considerada muy importante tanto por dominicanos como por haitianos que entendían que la misma contaba con posibilidades de triunfo. Sin embargo, la debilidad del medio, así como la rápida y vigorosa represión de las autoridades haitianas, impidió su victoria final.

Es importante destacar la presencia de un miembro de la iglesia en el movimiento, pues la misma reafirma el general sentimiento de repulsa que este sector de la población sentía frente al nuevo orden de cosas, sino que, además, su prisión motivó los más airados comentarios.

Conspiración del Arzobispo Valera

El gobierno español inició gestiones tendientes a reclamar al gobierno haitiano la devolución de la parte del Este de la isla. Como es de esperarse, estas pretensiones del gobierno español fueron rechazadas por los haitianos alegando la teoría de los “derechos perdidos”, pues la ocupación haitiana se había realizado luego de que España perdiera sus derechos sobre la parte del Este a consecuencia de la Independencia Efímera del Dr. Núñez de Cáceres.

Sin embargo, estas reclamaciones levantaron el ánimo de los grupos pro españoles que quedaban en esta parte, encabezados por el Arzobispo monseñor don Pedro Valera y  Jiménez.

El gobernador Borgellá sospechaba que el prelado estaba en combinaciones con elementos afectos al grupo pro-español, principalmente con el nombrado Francisco Solá y otros individuos, quienes, según informaciones, se habían embarcado hacia Puerto Rico y Cuba, posesiones españolas, para obtener recursos para un levantamiento.

Según se ha informado, el gobierno haitiano mandó a asesinar al Arzobispo con un matón de apellido Romero, el cual se arrepintió a ultima hora y pidió perdón al prelado por la acción que intentaba.

Este incidente llegó a conocimiento de la población de Santo Domingo, lo que constituyó una situación bastante embarazosa para el gobierno haitiano, que ante la misma, expidió pasaporte al Arzobispo, para que abandonara el país, lo que hizo embarcándose por La Habana en julio de 1830.

Ante la situación creada, otras familias optaron por emigrar hacia las posesiones españolas en el Caribe.

Conspiración de La Reforma

El movimiento más importante, sin embargo, iba a salir de las propias filas haitianas: La Reforma.

Como se sabe, en el año 1823, Boyer debió sofocar varias conspiraciones de los partidarios de España en la parte del Este, un motín contra las tropas haitianas que vigilaban a un grupo de trabajadores que limpiaban el camino de Santiago a Puerto Plata, y en 1824 debió reprimir con mano dura, la rebelión de Los Alcarrizos.

Sin embargo, el mayor peligro para el régimen de Boyer provenía de los militares haitianos que encontraron motivos de queja en el tratado que reconoció la independencia de Haití a cambio de una indemnización de 150 millones de francos, así como en la crisis económica que afectaba, particularmente, al sector de bajos ingresos de la población de la isla.

No es sorpresa, pues, que el los dos años más importantes movimientos contra Boyer ocurrieran en el mismo año, 1838, aunque por motivos diferentes: la conspiración para asesinar al presidente Boyer y a su Secretario General, el ministro Inginac, y la conspiración dominicana iniciada con la fundación de la sociedad secreta “La Trinitaria”.

Hubo conspiraciones haitianas también en el 1837, encabezadas por militares negros del norte, aplacadas por la cuestión racial, que en Haití también tenía sus implicaciones.

Se sabe que los dominicanos, activados por la labor conspirativa de Juan Pablo Duarte, habían iniciado movimientos aislados de conspiración desde el año 1834, pero no es sino hasta julio de 1838, cuando el plan toma forma con la organización de La Trinitaria.

Las desavenencias en el seno del gobierno haitiano por la labor de algunos diputados desafectos al régimen y la represión a que fue sometido el cuerpo legislativo en general, y los diputados opositores en particular, solo dejaron abierta la vía de la revolución contra el gobierno de Boyer.

Los opositores al régimen de Boyer en Haití se organizaron en una “Sociedad de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, dirigida por H. Dumesle, que promovía banquetes con charlas y discursos en los que se enaltecían las ideas liberales y la necesidad de reformar el estado haitiano.

El gobierno sabia que detrás de los banquetes había una actividad conspirativa de primer orden, sobre todo en los pueblos del Norte como Los Cayos y Jeremie, pero no pudo actuar contra ellos, porque el terremoto del 7 de mayo de 1842 consumió todas las energías del régimen que ahora tenia que luchar también contra los elementos y el pillaje desatado en las ciudades destruidas, principalmente en Cabo Haitiano y Santiago

En septiembre de 1842, la Sociedad lanzó un manifiesto en el que atacaban el absolutismo de Boyer y en el interím se designo al general Charles Herard como comandante del movimiento.

Finalmente, el golpe fue dado el 27 de enero de 1843, en Praslin, en la finca de Herard y apoyado por la juventud de Santo Domingo en marzo de ese año. El gobierno de Boyer cayó el 14 de marzo y con él finalizaron veinticinco años de dictadura en Haití, de los cuales, la parte del Este tuvo que sufrir 21 largos años.

El triunfo del movimiento haitiano desataría las fuerzas contenidas de los dominicanos, ya organizados desde 1838, como veremos en la próxima entrega de El Diario de la Independencia.

 


 

Sociedad La Trinitaria, el más importante movimiento
 

 

S.d. La Sociedad Secreta “La Trinitaria”, considerado el más importante movimiento de los que persiguen la desaparición de la dominación haitiana, fue fundada hace unos seis años.

La sociedad fue fundada por Juan Pablo Duarte en la mañana del día 16 de julio de 1838, día de Nuestra Señora del Carmen en la residencia de la señora Chepita Pérez de la Paz, ubicada en la calle de los Nichos, frente a la Iglesia del Carmen de esta ciudad. El propósito primordial de esta agrupación era lograr la independencia de la Parte del Este de la isla de Santo Domingo.

Por lo que hemos sabido, los miembros fundadores de la sociedad fueron el joven comerciante Duarte, y sus amigos Pedro A. Pina, Jacinto de la Concha, José Maria Serra, Juan N. Ravelo, Felipe Alfau, Félix Mª Ruiz, Benito González y Juan Isidro Pérez.

Se cuenta que los iniciados hicieron un juramento de independizar la patria o morir y que sellaron este juramento con su sangre, como señal de compromiso ineludible. Cada uno de ellos se comprometió a difundir el ideal de la independencia entre sus amigos y relacionados y a obtener nuevos adeptos a la causa.

Todos los integrantes de la sociedad son jóvenes pertenecientes a la sociedad de Santo Domingo, con edades que fluctúan entre los 27 años de edad de González y los 17 de Pina. Duarte tenía 25 años de edad, al momento de la fundación de la sociedad.

La agrupación estaba organizada en forma muy similar a la existente en organizaciones conspirativas europeas y latinoamericanas, como la de los Soles de América, de la que se ha dicho es una copia casi exacta.

La característica de esta organización es que inicia los adeptos en células revolucionarias sin que se sepa el nombre del líder de la revuelta. Cada célula revolucionaria está compuesta de tres miembros y cada miembro está en la obligación de conseguir dos miembros más, para así seguir ampliando la cadena revolucionaria.

Al cabo de unos pocos años después de su fundación, la mecha encendida por Duarte era un incendio revolucionario de grandes proporciones.

Cuando se planea en Haití derrocar al gobierno de Boyer, los dominicanos escondieron el verdadero móvil de sus actos, pues era estratégicamente correcto contribuir a la debilidad del enemigo para dar el golpe de la separación.

Es por ello que conocedores del movimiento del general Hérard para derrocar a Boyer, los trinitarios se movilizan y envían emisarios a Haití a lograr la combinación para el golpe. El segundo emisario, que hemos sabido fue el señor Matías Ramón Mella, logró hacer el contacto y obtener la participación dominicana en la revuelta.

El golpe se concretó el pasado 24 de marzo de 1843, y en la confesión que siguió, algunos exaltados dominicanos gritaron “viva la independencia”.

La conspiración de La Reforma fue la más exitosa de todas las intentadas contra el gobierno de Boyer  y la misma permitió a los dominicanos participar activamente en las labores revolucionarias que se habían trazado desde la fundación de la sociedad secreta La Trinitaria en 1838.

La proclamación de La Reforma en Santo Domingo costó sangre de ambos lados. Por lo menos cinco muertos y un número indeterminado de heridos, fue el resultado de la confusión que resultó al abrir fuego las tropas y responder algunos de los amotinados. Por lo menos, cuatro soldados haitianos, incluyendo un oficial, aparecen entre las bajas, así como un joven venezolano, de nombre Toribio, de parte de los revolucionarios.

Detallan organización

Los detalles de la forma en que estaba organizada la sociedad secreta “La Trinitaria” están saliendo a flote, y de Duarte, el líder del movimiento y cerebro de la independencia.

“Imitación exacta de la célebre conspiración de los Soles de América, dice Félix María del Monte, estaba materializada por un círculo cuyo centro ocupaba el corifeo. El nombre de éste, conocido únicamente por los iniciadores principales, no podía ser descubierto por los otros”. Y afirma que tenía de especial este modo de proceder que los que daban principio a las iniciaciones de nuevos miembros estando aisladas y misteriosamente en inmediata relación con el centro.

Añade el joven revolucionario que el centro comunicaba privadamente con los primeros iniciadores, los cuales sólo conocían a dos de los iniciados y estos dos no conocían más que a otros dos que iniciaban entre personas de su confianza, normalmente parientes y amigos íntimos, y cuyos sentimientos conocían profundamente. De este modo, afirma el señor Del  Monte, se precavía el caso de una denuncia y se designaba una sola víctima, pues “dos hombres viles no podían convencer de conspiración a otros más que su iniciador, continuando así la ocupación del radio sin solución de continuidad sensible, sin remoto peligro de la disolución”.

La Trinitaria estaba organizada en células revolucionarias compuestas por tres personas: el iniciador y dos iniciados. Cada uno de éstos, tenía la obligación de iniciar a dos más y así, formar una nueva traída revolucionaria.

Los mecanismos de defensa utilizados por los primeros iniciados incluían códigos de señales, alfabeto criptográfico, seudónimos, insignias y colores.

Todos usaban un seudónimo para sus comunicaciones secretas. El seudónimo de Duarte era Arístides, Temístocles el de Ravelo, Leonidas el de Benito González, Simón, el de Alfau, entre otros.

Duarte escogió el color azul, color del cielo. Según se ha confiado a El Diario de la Independencia, pidió la amarilla, pero Juan Isidro Pérez le dijo “esa es la mía, significa política... La tuya es azul celeste, que significa gloria, y es la que te pertenece. Sánchez adoptó el color verde, que significa esperanza y la de Pina fue la roja, símbolo del “fuego sagrado que ardía en su corazón”. Estos colores eran usados para sumar el número de los nuevos afiliados al credo independentista. Así, cuando Duarte daba cuentas de los nuevos “conmilitones” como los llama Rosa Duarte, la hermana del prócer, afirmaba: tantos verdes, tantos rojos, etc.

Todos los trinitarios debían prestar un juramento de fidelidad a la patria y al credo revolucionario. La sociedad adoptó un lema uno y trino y sus labores fueron puestas bajo la égida de la Cruz de Cristo.

Es evidente que una organización de este tipo, en una ciudad tan pequeña como la de Santo Domingo, tenía una vida útil muy breve, pues en muy corto tiempo se podrían iniciar todas las personas que se consideraran confiables y necesarias para el éxito del movimiento. Es por ello, que en corto tiempo, el joven Duarte debió idear la creación de otras sociedades, ya de presentaciones teatrales para promover la idea de la independencia, ya para allegar fondos a la causa de la separación. Esas nuevas sociedades, se llamarán “La Dramática” y “La Filantrópica”.

La labor desarrollada por el adalid de la revolución ha sido el resultado del trabajo paciente y minucioso de un verdadero constructor de nacionalidades. A Duarte se debe, todo lo que se ha logrado hasta el día de hoy, en que parece estar tan cerca la independencia. 

El Juramento de los Trinitarios

A continuación el juramento que debían prestar los trinitarios al ser iniciados en el movimiento, tal como lo recordó uno de los primeros miembros muchos años después de la independencia.  Esta versión ha pasado a la posteridad como la verdadera.

“En el nombre de la santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes, a la Separación definitiva del gobierno haitiano y a establecer una República libre, soberana e independiente de toda la dominación extranjera, la cual tendrá su pabellón tricolor, en cuartos encarnados y azules, atravesados por una cruz blanca.  Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales: Dios, Patria y Libertad.  Así lo prometo ante Dios y el mundo: Si lo hago, Dios me proteja, y de no, me lo tome en cuenta, y mis consorcios me castiguen el perjurio y la traición, si lo vendo”.


Informe de Hérard confirma nacionalidad

 
La entrada de Hérard a Santo Domingo, "fue triste".

Santo Domingo . El informe rendido por el presidente haitiano, general Charles Hérard Rivière (ainé), viene a confirmar la individualidad nacional de los dominicanos y su disposición de separarse del yugo haitiano.

En su informe, el Presidente Hérard describe los detalles de su visita a la parte del Este, de las medidas que tomó para frenar la revolución dominicana y la actitud que encontró en todos los lugares visitados.

La individualidad de los dominicanos, y el fracaso de la dominación haitiana se ponen de manifiesto en el mismo primer párrafo del informe cuando el presidente haitiano afirma que “en Dajabón, primer pueblo del nordeste, he encontrado un pueblo distinto, de otras costumbres, de otras inclinaciones; con un idioma diferente al nuestro, y me he visto obligado, la primera vez, a buscar intérprete para mis comunicaciones del pueblo”.

El propio presidente de la República describe su entrada a la ciudad de Santo Domingo, como “triste. Todas las puertas de los ciudadanos de origen español estaban cerradas; solamente estaban abiertas las de los ciudadanos de origen francés”.

En su informe, Hérard describe las detenciones que ordenó en los diferentes pueblos del país visitados por él y detalla algunas costumbres locales, como distintas de las habituales del pueblo haitiano.

Es interesante destacar que, como parte del informe, se detalla el descubrimiento de algunas prácticas corruptas entre funcionarios haitianos, particularmente en la ciudad de Puerto Plata donde el administrador de la ciudad y el de las aduanas del puerto se estaban enriqueciendo a expensas de los ciudadanos y del fisco.

En Macorís, cuenta Hérard, la bandera de la revolución haitiana “La Reforma”, “había sido arrastrada por el lodo” y destituídos todos los funcionarios de origen francés y cuenta del arresto de Matías Ramón Mella.

Lo más grave de todo el informe, sin embargo, es la descripción del estado de abandono en que había dejado el gobierno de Boyer a la parte del Este, pues en todos los lugares descritos por el presidente  Hérard faltan elementos indispensables y en casi todos debió designar personajes dominicanos en los principales puestos públicos ante la impericia o ineptitud de los funcionarios haitianos.

Como es sabido, el presidente Hérard ocupa la presidencia de Haití desde el pasado mes de marzo de 1843, a consecuencia del triunfo de la revolución de La Reforma que derrocó el gobierno de Juan Pedro Boyer.  El presidente Hérard nació en Port Salut, el 16 de febrero de 1789, y era considerado hasta su ascención a la presidencia haitiana como el caudillo militar del norte.

A consecuencia de su oposición al régimen, se vió envuelto en la conspiración que estalló en Praslin y culminó con el triunfo de los liberales haitianos.

Los dominicanos apoyaron este movimiento y en marzo pasado se pronunciaron en la ciudad de Santo Domingo, encabezados por el joven comerciante Juan Pablo Duarte. Como resultado del alzamiento las actividades revolucionarias de los dominicanos se intensificaron, lo que motivó la visita de Hérard.

A consecuencia de estas persecuciones, los líderes del movimiento independentista debieron exiliarse, como es el caso de Duarte, entre otros, y algunos, como Sánchez, esconderse y fingir su muerte para evitar las presiones de los haitianos.

Este documento viene a subrayar la certeza de las pretenciones dominicanas y el fracaso del gobierno absolutista de Boyer en lograr la unificación de las dos partes de la isla, cuya individualidad y destinos separados parece ser un hecho que sólo espera la confirmación de una proclamación formal.

Narran degüellos de Moca y Santiago

Los degüellos de Moca y Santiago han sido narrados por testigos de las ocurrencias y los mismos, pasados de tradición en tradición, han servido para ir creando un sentimiento antihaitiano que las medidas tomadas por el presidente Boyer, primero y por su sucesor Hérard después, no han hecho nada por superar.

En Santiago, el degüello ocurrió cuando las tropas se dirigían hacia Santo Domingo, a consecuencia de la resistencia que encontraron los haitianos. El de Moca, fue una consecuencia de la táctica de “tierra arrasada” cuando ya el ejército haitiano regresaba del sitio de Santo Domingo a defender sus posiciones en la parte del Oeste

Un testigo de los acontecimientos, el señor Gaspar de Arredondo y Pichardo, vecino de Santiago y uno de los pocos que escapó al degüello, narra los hechos de la siguiente manera:

... Los negros entraron en la ciudad como unas furias, degollando, atropellando y haciendo correr la sangre por todas partes. La consternación fue general. La honestidad, el pudor, la decencia, todo estaba en la calles y en las plazas a la diez del día, y aun en los templos a merced de la brutal conscupiscencia que estremecía la naturaleza...

El que escapó en el templo murió en la calle al salir. Corrían los perseguidos a buscar asilo en las casas de los sacerdotes y éstos fueron también mártires de su furor. Este lamentable estado vino a calmar después que ya no habían quedado vivos más que los eclesiásticos y tal cual que por empeño de Campos Tavárez, se reservó como prisionero. Solo escaparon de la refriega, estando en ella don José Minuesa, don Carlos Mejías, don Simón de Rojas y el autor.

Varios paisanos viéndolos todo perdido se refugiaron en Moca y para  ganar tiempo formaron de pronto una diputación que presidiera el cura Fray Pedro Gómez y Geraldino y se le presentare a Cristóbal a nombre del pueblo a rendirle pleito homenaje, lo que bastó por entonces para que esta jurisdicción gozare unos días de indulto. Cristóbal les ofreció protección autorizando al cura a continuar su ministerio...

En efecto se acercaron y nos informaron de que en Moca el 3 de abril de 1805, habían los negros pasado a chuchillo aquella mañana a todo viviente, para cuyo fin, el comandante Joubert había llegado allí con tropa, dando la orden de que las mujeres de todas clases y edades se reunieran en la iglesia y los hombres en la plaza... Todos obedecieron creyendo que se iba a proclamar algún indulto o gracia a favor de ellos, y el indulto fue degollarlos a todos luego que se verificó la reunión prevenida, como a ovejas encorraladas. Que los negros luego que consumaron el sacrificio espantoso, sacrílego y bárbaro, abandonaron el pueblo:  El padre Geraldino no se sabía de él; después se supo que los negros se lo llevaron al retirarse del sitio que pusieron a la capital”.

Los Partidos de la Independencia

A partir de la edición del lunes, El Diario de la Independencia comenzará a publicar una serie de trabajos acerca de los diferentes partidos que buscan terminar con la dominación haitiana. Como es sabido, por lo menos cuatro grupos se disputan la supremacía del movimiento para dar el golpe de la independencia, pero no todos persiguen los mismos objetivos posteriores.  Por una parte, están los grupos conservadores divididos en varios grupos menores, que buscan la independencia a través de un protectorado de potencia extranjera. Entre ellos los hay pro-franceses, pro-españoles y pro-ingleses, por lo menos. Otro grupo conservador, que encabeza don Tomás Bobadilla y Briones, no está definido a favor de cuál potencia se inclina, aunque parece favorable a Francia. Por el otro lado, están los Duartistas, o de la independencia “pura y simple”, que entienden que los dominicanos tienen suficiente capacidad para dar el golpe de la emancipación sin necesidad del apoyo de potencia extranjera alguna.


Informan propósitos Grupo Pro-francés

 

 

Buenaventura Báez

Santo Domingo. Febrero 10, 1844 .- Uno de los grupos con más poder de convocatoria y con más simpatías en el país lo constituye el grupo pro-francés que encabeza un grupo de diputados a la Asamblea Constituyente haitiana.

Este grupo está en tratativas desde finales del pasado año 1843, con los funcionarios consulares franceses, tanto en Puerto Príncipe como en Santo Domingo, señores A. M. Levasseur y Eustache J. de Saint Denys, respectivamente.

Los cabecillas de esta facción son los señores Buenaventura Báez, próspero hacendado de Azua, Manuel María Valverde, sacerdote, José Caminero, médico y traductor de los tribunales de la República y el abogado y comerciante Manuel Joaquín Delmonte, entre otros.

Estos funcionarios firmaron el pasado 15 de diciembre en Puerto Príncipe, el llamado Plan Levasseur, en el  que solicitan la protección del gobierno francés para sostener la independencia del nuevo país.

Con tal motivo, el 1 de enero de 1844, los “afrancesados”, como es llamado el grupo, lanzaron un manifiesto al país en el que anuncian sus propósitos.  El manifiesto fue puesto a circular en Azua.

Reporteros de El Diario de la Independencia se han enterado de que los grupos trinitarios fueron cogidos con la guardia baja pues pensaban que el grupo afrancesado se había debilitado de tal modo “que sólo los Alfau y los Delgados” permanecen en él, pero la realidad de los hechos era que los pro-franceses estaban laborando secretamente en Puerto Príncipe, donde se asentaba el cónsul francés Lavasseur, avanzando sus planes de protectorado. 

Según hemos sabido de fuentes que nos merecen entero crédito, el golpe de independencia de los afrancesados, para luego solicitar el protectorado de Francia a cambio de la cesión de la península de Samaná, será dado el 25 de abril de este año, aprovechando la cercanía de una flota francesa, despachada a tal efecto, que apoyaría  inmediatamente los planes de este grupo.

Por esta razón, los grupos duartistas han estado buscando adelantar el golpe y por eso mismo lanzaron su Manifestación del 16 de enero pasado en la que se anuncian la inminencia de la asonada emancipadora.

Es evidente que, salga triunfante o no este grupo emancipador en sus pretenciones, tendrá un peso muy importante en los acontecimientos que se avecinan pues reúne un extraordinario poder económico y una alta capacidad de negociación. Son todos políticos muy duchos, personas muy conocidas y queridas en el pueblo, con una alta capacidad para reunir entre amigos familiares y relacionados, importantes fuentes de recursos tanto humanos como financieros.

El proyecto de los afrancesados es visto con simpatías por los sectores poderosos porque garantiza las propiedades de éstos en caso de una represalia haitiana contra la independencia, aparte de los beneficios económicos que daría una estrecha relación con Francia.

Los duartistas, por su parte, sostienen que el país cuenta con los medios para lograr su independencia y sostenerla en caso de una invasión haitiana. Es obvio, sin embargo, que al final de cuentas, ambos grupos tendrán que pactar, porque si el golpe lo dan los duartistas, las represalias las sufrirá todo el mundo y si el golpe de emancipación es dado por los afrancesados, será necesario el concurso de los jóvenes duartianos para formar el núcleo del ejército y motivar a la juventud frente al nuevo estado de cosas.

Los acontecimientos dirán quién tendrá la razón en esta pugna entre el interés económico y el ideal revolucionario…

Exposición del grupo Pro-francés

 (Fragmento)

... El día 9 de Febrero siguiente hizo Boyer su entrada pacífica en Santo Domingo... empleando los medios siguientes para arruinar la bella parte española;

1º Se empezó por declarar la libertad general de los esclavos, agotándose con este golpe la riquesa general, y arruinando el pays;

2º  Se formaron nuevos regimientos, y para ello se reclutaron los jóvenes más distinguidos de la ciudad, principalmente los alumnos de la Universidad, que con este golpe se destruyó. Las familias huyeron despavoridas ... y la emigración privó esta parte de más de Diez mil habitantes.

3º  Como la mayor parte de estos emigrados no podían realizar sus bienes raíces, se vieron en la necesidad de constituir apoderados; pero esto fue inútil, porque el Estado se apoderó de todos los bienes de los ausentes.

4º  Se sancionó el 8 de julio de 1824 una ley tiránica, cuyos fines eran, 1º Despojar a la parte del Este de la mayor parte de sus propiedades, sobre todo rurales, atropellando el sistema de comunidad que abrazaba casi la totalidad de dichos bienes. 2º Despojar las Iglesias, comunidades religiosas, Hospitales &å de todos los bienes de que eran propietarios.

5º  Se substituyó a la moneda fuerte por una moneda nacional que no solo disminuyó la riqueza pública en razón de su ínfimo valor; sino que introdujo una parálisis en las operaciones comerciales.

6º Después de la promesa formal hecha por el Jefe de Haití, en su proclama de 1822, de conservar los usos, costumbres, &å de la parte del Este, dio órdenes reiteradas para que todos los actos públicos se hicieran en francés, lo que equivalía a decir que casi ningún habitante del Este fuese empleado.

7º Consecuente a este sistema exclusivo, en veinte y un años transcurridos desde la reunión de la República, hasta enero de 1843, ni un solo Español fue elevado al grado de general de Brigada...

8º La Religión Católica, Apostólica, Romana, ... fue vilipendiada, y perseguida no obstante la protección consagrada por la Constitución.

9º Insensiblemente introdujeron los nuevos huéspedes sus costumbres viciosas en una población que no solo veneraba la moral pública, sino que era excesivamente escrupulosa, en la moral privada.

Tales son los puntos esenciales que han operado el desagrado general de la parte española, y aunque es verdad que, al romper la Revolución de 1843, se entrevió un rayo de esperanza..., los hechos han desengañado a los hombres sensatos, capaces de pensar.

PARA EVITAR SEMEJANTE SITUACIÓN ES QUE LOS HABITANTES DE LA ANTIGUA PARTE ESPAÑOLA INVOCAN EN SU AUXILIO LA ALTA PROTECCIÓN DE LA FRANCIA,

Bajo las siguientes estipulaciones:

1º La parte oriental de la isla de Santo Domingo conocida como española, tomará el nombre de República Dominicana, libre e independiente y se administrará por sí misma;

2° La Francia se obliga a ayudar a su emancipación, a suministrarle todo lo que fuere necesario para establecer y consolidar su gobierno como también a darle los subsidios necesarios para las necesidades urgentes de la administración;

3° Armas, municiones de guerra y de boca serán dadas por Francia en cantidad suficiente para armar la parte activa de la población que será llamada bajo las banderas de la independencia;

4º El gobierno francés nombrará un gobernador encargado del poder ejecutivo cuyas funciones durarán diez años. Sin embargo, Francia se compromete a no retirar este gobernador si el Senado de la República decreta la continuación de sus funciones;

5º Los puertos de la República se abrirán a los emigrantes de todas las naciones;

6º En reconocimiento de la alta protección de Francia la nueva República hará el abandono de la península de Samaná y la cederá a Francia.

Puerto Republicano, Diciembre de 1843

Firmados: Buenaventura Báez- M. M. Valencia- José Díaz de Peña-Nepomuceno Texera- Francisco X. Abreu- M. A. Roxas- Remigio de Castillo. 


 

GRUPO BOYERISTA (ANTIHAITIANOS) PODRIA SER LA CLAVE PARA LA INDEPENDENCIA NACIONAL

Bobadilla. Lo encabeza el veterano político Tomás Bobadilla y Briones, reconocido por su capacidad para hacer amarres políticos

 

Tomás Bobadilla y Briones.
Matías Ramón Mella y Castillo.
La Casa de los Jesuítas fue asiento del Colegio

Santo Domingo, 23 de febrero de 1844.- Aunque no tiene el poder económico de los afrancesados ni la capacidad de convocatoria y el idealismo de los trinitarios del grupo duartista, los burócratas y políticos avezados que forman el denominado grupo "boyerista", pudieran tener la clave en el movimiento que busca la proclamación de la independencia nacional.

Esto así, según los observadores, porque este grupo puede actuar como un comodín entre los demás grupos que tienen posiciones aparentemente irreconciliables.

Los boyeristas o "antihaitianos" son encabezados por don Tomás Bobadilla y Briones, veterano político y uno de los hombres con más capacidad para realizar combinaciones políticas del país.

El señor Bobadilla y Briones, abogado de unos sesenta años, nacido en Neyba, es reconocido como un hombre de éxito y aunque un sector de la juventud lo recela por sus conocidos vínculos con el régimen de Boyer, todos le reconocen su extraordinaria capacidad y los aportes que puede hacer al movimiento, despertando confianza entre los sectores poderosos y trayendo experiencia de estado a los jóvenes de La Trinitaria.

Como es sabido, uno de los problemas que tiene el movimiento independentista es que las ideas de los trinitarios encuentran cierta resistencia entre las clases pudientes del país, que temen la represalia haitiana y que no encuentran entre los líderes del movimiento, una persona de confianza, a la cual puedan plantear, en confidencia, sus preocupaciones sobre el futuro del país.

La llegada de Bobadilla al grupo trinitario le facilita ese hombre, y a través de él, el puente necesario para sumar otros personajes sociales de valía que den sustancia económica, y, por tanto, viabilidad al esquema diseñado por Juan Pablo Duarte, ahora exiliado en Curaçao.

Se sabe que Bobadilla es partidario de que se incluya en cualquier combinación al señor Pedro Santana, prestante propietario de hatos de El Seybo, y quien desde hace algún tiempo está ligado a las protestas contra la dominación haitiana, al extremo de que el presidente Hérard ordenó su prisión.

Es evidente que la presencia de Santana permitiría a la causa de la independencia contar con un hombre capaz de liderear el ejército y en condiciones de aportar también numerosos efectivos entre sus relacionados de la región Este, donde se asienta gran parte del ganado del país.

El mérito de haber reclutado al señor Bobadilla para el movimiento independentista corresponde al señor Matías Ramón Mella, quien además lo encargó para que redactara la Manifestación de los pueblos de la Parte del Este, lanzada el 26 de enero pasado, en la que se enumeran las causas de la independencia, el nombre del nuevo estado, el gobierno provisional que lo regirá y otras disposiciones de tipo administrativo.

Bobadilla es una persona muy conocedora del medio y a través de la cual, los demás grupos pueden establecer puentes de comunicación tan importantes para el éxito de la lucha.

Se sabe, que el señor Bobadilla, en caso de que triunfe el movimiento emancipador, será una de las principales figuras del nuevo orden.

Los hechos, como de costumbre, tendrán la última palabra.

Con esta crónica termina la serie de los Partidos de la Independencia que publicó El Diario de la Independencia como una forma de ilustrar a los amigos lectores acerca de las interioridades del movimiento.

Recuerdan fundación del Colegio de Gorjón

Un Comentario

El Colegio de Gorjón, segunda institución de estudios superiores fundado, un día como hoy, en la isla Española, no pudo rendir sus frutos por el egoísmo de los hombres.

Hoy se recuerda el intento del caballero Hernando de Gorjón de fundar una cátedra con los fondos generados por su ingenio de azúcar y sus correspondientes esclavos, pero las altas deudas que dejó al morir, y la avaricia de sus acreedores fueron un obstáculo insalvable a sus pretensiones de perpetuar su nombre a través de las letras y de la enseñanza.

En el año 1558, este caballero, por testamento, afirmó su intención de crear este colegio para enseñar latinidad, matemáticas, física, los clásicos estudios medievales. Su fundación fue aprobada por Real Decreto y las clases se iniciaron bajo los mejores augurios. Pero apenas en diez años, la voracidad de los acreedores del señor Gorjón, obligó a reducir sus ofrecimientos a una mera escuela de primeras letras hasta desaparecer por completo.

Recuérdese que veinte años antes, en 1538, se había fundado en esta ciudad, la Universidad de Santo Tomás, o de Santo Domingo, primada de América, que irradió luz y saber por todo el Continente. En estos días de 1844 permanece cerrada, a pesar de las necesidades de la juventud dominicana por ilustrarse y enfrentarse armada de conocimientos al porvenir.

Tanto en un caso, como en el otro, la escasa visión de los hombres intenta frenar el desarrollo de las potencialidades de la juventud. Pero a la larga, ésta siempre se impone.

 

 
 
 
 

          


La Independencia Efímera



Sin el interés de España fuimos anexados nuevamente por la guerra de La Reconquista y el resultado de esa guerra sumió a la posesión española en la más profunda miseria y desorganización, cuando Haití amenazaba con invadir la parte oriental que permanecía siendo esclavista y por tanto un peligro para su República.

Dice Frank Moya Pons en su Manual de Historia Pág. 213 lo siguiente: “En ese entonces ya Sánchez Ramírez había muerto y gobernaban la colonia interinamente el Coronel Manuel Caballero y el Lic. José Núñez de Cáceres, este último con el cargo de Teniente de Gobernador e Intendente Político”. Traemos este pasaje a colación para documentar que Núñez de Cáceres era parte del gobierno colonial y que cuando el 1 de Diciembre de 1821 declara la independencia del Haití Español, como le llamaron, (hoy le hubiéramos denominado un autogolpe) era con la clara intención de colocándose bajo el protectorado de La Gran Colombia, mantenerse en el poder sin cambios radicales en el orden social.

Nos dice el historiador Lic. Franklin Franco en su trabajo titulado “La Sociedad Dominicana de los Tiempos de la Independencia” y recogido por la Universidad INTEC en su libro “ Duarte y La Independencia Nacional” :Pág. 18 y refiriéndose a las motivaciones de la declaración de la Independencia Efímera: “La aristocracia colonial, estrechamente vinculada a la administración burocrática, moldeada en el vilipendio, el privilegio, la holgazanería, racista hasta la médula, se inclinaba fervorosamente por el mantenimiento de la situación imperante. Naturalmente, rechazando de plano cualquier modificación sustantiva que, como en el caso de la Constitución de Cádiz, pudiera afectar sus intereses.”

Como podemos ver, en ambos casos de las independencias, el país continuaba gobernado por sus gobernantes tradicionales su mentalidad e idiosincrasia, hasta llegar a nuestros días donde se repiten las mismas actitudes y estilos.

La ideología de nuestros Conquistadores continúa siendo la ideología dominante y su escala de valores norman las conductas de nuestros pueblos y gobernantes sin importar las siglas y declaraciones de principios que lleven a éstos últimos al poder.

Hasta que no se retome el espíritu de nuestra independencia y con la visión de nuestros próceres completemos nuestros procesos independentistas, hoy festinados y traicionados, no acabaremos con la corrupción y la represión propia de los que no aman sus tierras sino que las usan para el enriquecimiento fácil como única meta de vida.
 


Junta Central Gubernativa
 


Constituyó el primer gobierno que tuvo el país en condiciones de vida independiente y republicana. La J.C.G. organizó y dirigió las primeras acciones políticas y militares que consolidaron la independencia nacional. Esta junta comenzó a estructurarse a raíz de la proclamación de la República. (27-2-1844). Bobadilla, Sánchez, José Joaquín Puello, Remigio del Castillo, Wenceslao de la Concha, Mariano Echavarría y Pedro de Castro y Castro, y Mella formaron parte de ella. El segundo la presidió por primera oportunidad, poco después la presidió Bobadilla. Siempre estuvo sacudida por las contradicciones entre dos bandos: Liberales duartistas y conservadores ligados a planes proteccionistas. Fue varias veces reconformada con otros miembros.
A la J.C.G. sucedió el primer gobierno de Santana, luego que éste diera un golpe de fuerza apoyado por militares y por conservadores y de la propia junta, haciéndose nombrar, primero Presidente de la misma (julio 1844) y luego Presidente de la República, en noviembre de ese mismo año.
Antes, en agosto de 1844 Santana expulsó del suelo patrio a Duarte, Sánchez y Mella y otros trinitarios.


 

 


Batalla de Santiago (30 de Marzo)




(1844) (Santiago). Batalla librada entre las tropas independentistas dominicanas y las del general Pierrot, quien comandaba una columna del ejército invasor haitiano de Charles Herard. La acción se produjo a partir de las 3:00 p.m. del 30 de marzo de 1844. La plaza de Santiago estuvo defendida por tropas dominicanas bajo la dirección de José María Imbert, Francisco Antonio Salcedo, Fernando Valerio y otros oficiales. El numeroso ejército de Pierrot fue derrotado por los dominicanos. Pierrot tras enterarse de la falsa noticia que daba por muerto a Herard, se retiró dejando más de 600 bajas. A continuación el informe del General Imbert sobre dicha acción:
Relación de la Batalla del 30 de marzo, Dios, Patria y Libertad, República Dominicana, Santiago y Abril 5 de 1844 y 1º de la Patria. José Martí Imbert, General Comandante del Distrito y las operaciones de Santiago.
A los miembros de la Junta Central Gubernativa.
El mando provisional del Distrito y de las operaciones de Santiago me fue confiado el 27 de marzo próximo pasado, día de mi nombramiento; desde este día tomé todas las medidas necesarias para activar los trabajos de tres baterías, a las cuales se trabajaba desde algunos días antes con mucha lentitud. Di orden de montar sin dilación los cañones, a saber, una pieza de a 8 en la batería derecha, una de a 4 en la del centro y una de a 2 en la izquierda del lado del río Yaque, lo que se ha efectuado en mi presencia.
Por combate de Talanquera entre nuestras tropas avanzadas y las del enemigo que se había presentado con fuerzas superiores, supe luego que mis precauciones no eran inútiles. Nuestras tropas en número muy inferior, se vieron en la precisa necesidad de retirarse a esta ciudad, sin embargo de haber obtenido ventaja en este combate en el cual el enemigo ha experimentado algunas pérdidas.
El enemigo, disimulando con mucho cuidado su marcha, se dirigió con precaución sobre esta ciudad, no dejando a la vista sino algunos cien maroteros, pillando, incendiando y devastando los lugares. El 29 ordené al Coronel Pelletier, antiguo militar y guerrero en Europa, de salir a la cabeza de 400 hombres de infantería que debían al instante ser reforzados por 100 de caballería del Macorís. El 30, luego que el coronel iba a marchar con su tropa, fui prevenido que el enemigo avanzaba sobre Santiago y que no dilataría en presentarse. Juzgué conveniente dar el mando de todas las tropas que estaban en la sabana al dicho coronel, en el cual tenía entera confianza.

El Coronel escogió inmediatamente para su ayudante al comandante de ingeniería Archille Michell, dirigiéndole a la izquierda. Al instante rompióse el ataque.
Se había formado el enemigo sobre dos columnas de cerca de dos mil hombres cada una. La primera se dirigió rápidamente en buen orden a las armas al hombro procedida de un cuerpo de caballería hacia nuestra izquierda que era nuestro punto de defensa el más débil. El Coronel Pelletier por mi orden, y según el informe del Comandante Archille Michell que nuestra izquierda necesitaba ser reforzada, hizo transportar al paso de carrera, la mitad de nuestros hombres del centro, a la cabeza de los cuales se puso el Comandante Archille Michell; y fue tal el entusiasmo de los nuestros que los hombres que custodiaban la batería del centro, viendo a sus compañeros que iban a la izquierda, se precipitaron también, dejando esta batería casi sola. Al instante ordené al Coronel Pelletier que inmediatamente los hiciera reemplazar por otro destacamento. Seguidamente los nuestros vinieron a las manos con el enemigo, principió una fusilería bastante viva; el enemigo se atemorizó y retrocedió,quedando algunos de ellos muertos por nuestras lanzas y machetes.Volvió, sin embargo, con mucha intrepidez, principió el fuego de nuestras piezas y la mortandad del enemigo los hizo detener un instante en su marcha: su caballería fugó y no apareció más en toda la acción; pero poco después recobrando ánimo el enemigo, volvió de nuevo al ataque a paso de carga y en columna cerrada. Con el mismo vigor fue recibido por los nuestros y nuestra artillería le mató tanta gente, que renunció a nuevos esfuerzos de ese lado y se retiró para juntarse con la otra columna. El enemigo habiendo así reunido todas sus fuerzas, atacó entonces nuestra derecha tan furioso, que una docena de ellos vinieron a expirar al pie de nuestra batería de derecha, muertos por nuestros fusileros. Esta pieza hizo sufrir grandes pérdidas al enemigo; pero aunque rechazado, se presentó varias veces en buen orden. Por última vez se presentó en columna cerrada y nuestra artillería dejándose avanzar de frente, la pieza de la derecha tiró con metralla sobre esta masa e hizo al centro un claro espantoso, la pieza de izquierda ejecutó lo mismo y ocasionó al enemigo igual destrucción, de modo que la cabeza de la columna hasta su centro fue reducida como a veinte hombres, que nuestros soldados de la batería de derecha acabaron a tiro fusil.
Entonces el enemigo perdió enteramente el ánimo y cesó toda tentativa de ataque. El combate había principiado a las 12 y siguió hasta las 5 de la tarde. El enemigo mandó un parlamentario, y el nuestro salió a su encuentro al medio de la sabana a distancia entre los dos ejércitos.
Parece que el enemigo no tenía sino un conocimiento confuso de los acontecimientos de Azua en el día 19; pero después que nuestro parlamentario le hubo dado informes, no dio a entender que la parte del Norte, de Haití cansada del yugo de la del Sud, no estaba lejos de apartarse y de tratar con la República Dominicana.
Como era ya tarde y que se aproximaba en la noche, se terminaron las conferencias de este día después de una convención de parte y de otra de suspender toda hostilidad durante la noche y hasta el éxito de las conferencias que fueron transferidas para el día siguiente al amanecer.
El 31 por la mañana, después de varias conferencias, el General Pierrot, comandante en jefe del ejército haitiano del Norte, me escribió que se iba a retirar, pidiéndome la seguridad de poderlo hacer sin ser inquietado de mi parte. Le he respondido por la carta que va aquí adjunta; pero él aun no la esperó. Cuando se la demandé por nuestro parlamentario, ya se había retirado en el mayor desorden, abandonando sus calderos, tambores y una infinidad de otros objetos, y además víveres que le serán ciertamente de la más grande necesidad; y esto fue por un rumor que se esparció entre ellos de que el General Villanueva, de Puerto Plata, y el Teniente Coronel Francisco Caba, de la Sierra, venían por detrás a atacarlos.
El enemigo fue en su retirada atacado en varios puntos por los nuestros de la Sierra, y en todas partes le han muerto soldados. Tal es el éxito del ataque del ejército haitiano de que se nos amenazaba tan altaneramente.
El enemigo no dejó en el campo de batalla menos de 600 muertos, y según el efecto que produjo la metralla, el número de sus heridos ha de ser mucho mayor, el camino que sigue en su retirada no es sino un vasto cementerio.
Por una protección manifiesta de la Divina Providencia, el enemigo ha sufrido semejante pérdida sin que nosotros hayamos tenido que sentir la muerte de un sólo hombre, ni tampoco haber tenido un sólo herido. Cosa milagrosa que sólo se debe al Señor de los ejércitos y a la justa causa!
 

 


Batalla de Palo Hincado
 

Antecedentes (Tratado de Basilea)

J. Marcano

Al tiempo que en la colonia francesa de Saint Domingue ocurrían cambios provocados por la rebelión de los esclavos, en Francia sucedían cambios políticos de primera importancia. El gobierno burgués de los girondinos fue derrocado por los radicales jacobinos quienes inmediatamente declararon la guerra a Inglaterra, Holanda y España, potencias enemigas de la Revolución Francesa.

España fue a la guerra por defenderse contra el republicanismo francés, pero la perdió y a mediados de 1795 se vio obligada a poner fin a la lucha firmando un tratado de paz en la ciudad de Basilea, el 22 de julio de ese año. Con este tratado España logró recuperar sus posiciones perdidas en manos de los franceses, a cambio de entregarles a éstos la parte oriental de la isla de Santo Domingo.

Sin embargo, los españoles continuaron ocupando y gobernando Santo Domingo hasta el 1801, cuando Toussaint L'Ouverture, erigido por sí mismo en ejecutor del Tratado de Basilea, ocupó todo el territorio oriental, hasta que fue desalojado en 1802 por los franceses comandados por el general Leclerc, cuñado de Napoleón Bonaparte.

Gobierno francés

Durante la era francesa en Santo Domingo, a partir de 1802 y sobre todo desde 1804, hubo sin duda convencidos francófilos entre los dominicanos. El brillo de la Francia napoleónica se percibió y surtió sus efectos en el país. Una vez rechazada la invasión de los vecinos haitianos, se advirtió que se iniciaba una administración competente y progresista; se advirtió que el gobernador francés, general Louis Marie Ferrand, era hombre capacitado y bien intencionado.

Durante su gobierno, los franceses se ocuparon de las labores de reconstrucción y consolidación de la Colonia. Ferrand lanzó proclamas en el extranjero llamando a los franceses a vivir en Santo Domingo; muchos acudieron al llamado lo mismo que algunas familias españolas, y así continuaron las cosas mejorando increíblemente después de tantas vicisitudes. En Samaná, por ejemplo, que hasta entonces había sido una aldea pobre y olvidada, el Gobierno fomentó la plantación de cafetales que ya en 1808 prometían dar nueva vida a esta región, cuya población francesa creció tanto que Ferrand llegó incluso a hacer preparar los planos de una moderna ciudad que llevaría como nombre “Puerto Napoleón”. Los bosques de madera, que hasta entonces habían sido explotados muy esporádicamente, fueron objeto de una explotación regular, pues la caoba de la Isla por su belleza tenía gran demanda en Estados Unidos y en Europa. Los impuestos fueron rebajados hasta el mínimo a fin de ayudar a los habitantes de la Colonia a recuperar sus fortunas.

Ferrand estableció un gobierno paternal, amparado en un decreto de Napoleón del año 1803 por medio del cual ordenaba respetar los usos y costumbres españolas, especialmente en lo que a la organización jurídica tocaba. Lo cierto fue que hubo colaboración entre la población y las autoridades, aunque Ferrand, convencido de que los sentimientos hispánicos seguían vivos entre la gran mayoría de la población, evitaba tanto como era posible, las ocasiones de hacerles sentir su poder.

Toda esta tranquilidad vino a quebrarse con motivo de dos acontecimientos que tuvieron lugar, uno en la Colonia y el otro en Europa. El primero fue la orden de Ferrand a los habitantes de la Colonia para que suspendieran todo trato comercial, en especial las ventas de ganado, a la parte occidental de la Isla gobernada por los haitianos.

El otro acontecimiento que vino a turbar la existente armonía entre franceses y dominicanos fue la invasión de España por parte de Napoleón Bonaparte a principios de 1808. Este hecho, y otros relacionados, se conocieron en detalle en las posesiones españolas casi inmediatamente y ya en principios de mayo se sabía que Napoleón tenía la intención de nombrar como Rey de España a su hermano José Bonaparte.

En Santo Domingo, particularmente, en donde los franceses gobernaban a una población que todavía seguía considerándose española, la traición de Napoleón contra los monarcas de España provocó la indignación de los propietarios más importantes que ahora se consideraban doblemente humillados al saber que también la Madre Patria había caído bajo el dominio francés y al ver sus negocios lesionados por la prohibición de vender sus ganados a los haitianos.

Juan Sánchez Ramírez

Algunos de ellos, como fue el caso de don Juan Sánchez Ramírez, rico propietario de hatos y cortes de caoba en los alrededores de Cotuí e Higüey, se indignaron en grado extremo y pensaron en obtener la colaboración del Gobernador de Puerto Rico, y de la población dominicana que había emigrado a esa isla, para luchar contra los franceses de Santo Domingo de la misma manera que lucharían los españoles para expulsar a los invasores de la Península.

Sánchez Ramírez había nacido en 1762 en la región del Cotuí, y en su juventud, al frente de una compañía de lanceros formada por él con compueblanos, había combatido en los tiempos del gobernador Joaquín García contra la República Francesa. Emigró a Puerto Rico en diciembre de 1803, pero se vio en la necesidad de volver a su tierra natal en 1807, cuando comenzó su labor de ganar adeptos para la Reconquista, al tiempo que se dedicaba a la explotación de cortes de maderas en unas posesiones suyas situadas en las costas del Este entre Higüey y el Jobero (el actual Miches, también conocido como Jovero), desde donde las comunicaciones con Puerto Rico eran más fáciles.

 

Localización de Palo Hincado
Ubicación de la Sabana de Palo Hincado y otras localidades
J Marcano

Inicios de la Reconquista en el Este

En 1808, en el suroeste del país operaban ya, con apoyo haitiano, los cabecillas Ciriaco Ramírez y Cristóbal Uber Franco, respaldados por el gobernador de Puerto Rico, general Toribio Montes. Sánchez Ramírez aprovechó la ocasión de una nave española surta en Samaná para escribir, el 17 de septiembre de ese año, al gobernador Montes. El 28 del mismo mes llegaba a la costa de Macao, procedente de Puerto Rico, la goleta española “Monserrate” con la noticia de que pronto llegarían los auxilios solicitados a Montes por Sánchez Ramírez.

Con este aliento redobló el caudillo sus diligencias al tiempo que el gobernador francés Ferrand, al tanto de los acontecimientos, se disponía a sofocar la inminente rebelión. Ganadas una a una para la causa de la Reconquista las autoridades criollas que estaban al servicio de Francia en la región oriental, le fue fácil a Sánchez Ramírez tomar posesión de la villa del Seibo el 26 de octubre.

Mientras afianzaba rápidamente sus posiciones, el 29 llegaban a la cercana boca del río Yuma (Boca de Yuma) los auxilios enviados por el gobernador Montes desde Puerto Rico, El propio Sánchez Ramírez montó a caballo y se dirigió a aquel puerto a recibirlos. Los elementos bélicos habían sido embarcados en un bergantín, una goleta y dos lanchas cañonera y consistían en cuatrocientos fusiles con sus bayonetas, doscientos sables, las municiones correspondientes. Además, llegaron doscientos hombres voluntarios, la mayor parte emigrados. El bergantín y la goleta, que respectivamente se llamaban “Federico” y “Render”, debían regresar a Puerto Rico cargados de caoba.

En ese momento se recibió la noticia de que Ferrand se dirigía personalmente hacia el Seibo con una fuerza respetable, decidido a dominar la revuelta. El momento era grave para los revolucionarios. Urgía hacer de Samaná un bastión de la Reconquista porque sin la posesión de esta plaza fuerte portuaria podía fracasar la empresa. Entonces Sánchez Ramírez aprovechó la presencia de barcos de guerra ingleses en costas dominicanas y se comunicó con el comandante Dashwood, de la fragata La Franchise. Este aceptó hacerse cargo de atacar la guarnición francesa de Samaná, para lo cual le aseguró el caudillo criollo que podía contar con la cooperación del comandante de armas de Sabana de la Mar, Diego de Lira, ya comprometido para la causa hispanista.

De los desembarcados en Boca de Yuma, procedentes de Puerto Rico, el único verdadero militar que se quedó en tierra dominicana para hacer la campaña fue el teniente de milicias Francisco Díaz. Se incorporó al contingente de Sánchez Ramírez en calidad de paisano voluntario. Por ser de los pocos que entre los reconquistadores tenían conocimiento de las tácticas guerreras, Sánchez Ramírez le encomendó dirigir el traslado del armamento y bagaje al Seibo. Luego lo encargó de organizar la gente reunida, del alistamiento de las armas y de la elección de la posición que fuera más ventajosa para esperar al enemigo que se acercaba. Después de un estudio de toda la zona, Díaz escogió el paraje de Magarín.

El 3 de noviembre en la madrugada estaba el caudillo dominicano a la cabeza de sus huestes en Higüey organizando compañías y distribuyendo armas y municiones. Bien temprano se reunieron las tropas frente al santuario de Nuestra Señora de la Altagracia y oyeron misa. Al término de la ceremonia se recibió la noticia de que los franceses estaban muy cerca del Seibo por lo que Sánchez Ramírez dio la orden de emprender la marcha hacia el Oeste, al encuentro del enemigo.

El día 5 le amaneció en el Seibo. Aquí continuó organizando su improvisado ejército e incorporando al mismo a los voluntarios que llegaban. El acondicionamiento y distribución de armas y pertrechos estaba a cargo del teniente Díaz. Ya en la noche llegó a manos de Sánchez Ramírez “una terrible intimación del general francés Ferrand”, en la que le anunciaba que entraría arrolladoramente en el Seibo el 7.

A la intimación de Ferrand contestó Sánchez Ramírez haciéndole saber, por la vía del parlamento, que estaba dispuesto a medir sus fuerzas con las francesas. Al general napoleónico le sonó aquello como una fanfarronada y no pudo menos que sonreír. Seguro de su armamento y de la superioridad táctica de sus hombres, ya se veía venciendo fácilmente a los criollos, impreparados y mal armados. No hizo caso de las advertencias que indicaban que los guerreros encabezados por Sánchez Ramírez no eran para menospreciarse, sobre todo por su hábil manejo del arma blanca, y alegremente se dispuso a darles la batalla.

Batalla de Palo Hincado

El día 6 de noviembre avanzó el jefe dominicano hasta Magarín y le pareció que el sitio no había sido bien escogido por el teniente Francisco Díaz. Además, un recio temporal le dañaba las pocas armas de fuego y municiones de que disponía. Apreciando que el paraje de Palo Hincado, a media legua al oeste de la población del Seibo, reunía mejores condiciones, llevó allí su gente y dictó sus órdenes para esperar a pie firme al enemigo.

No confiando momentáneamente en Díaz, resolvió tomar él solo todas las disposiciones en la noche del 6, víspera de la fecha anunciada por Ferrand para su entrada en el Seibo. La lluvia no cesaba, con todas sus adversas consecuencias. En la madrugada del 7 les escampó en el hato de la Candelaria y Sánchez Ramírez hizo secar al fuego los fusiles, amunicionar la tropa y proveer de lanzas a los de a caballo, presto a combatir “el furor y la rabia de los Napoleones que infestaban la Primada de las Indias por la infamia de un español desnaturalizado”.

Los reconquistadores llegaron a Palo Hincado entre las nueve y las diez de la mañana. El brigadier puso a Francisco Díaz en una posición de confianza en lo más alto del terreno, al frente de los casi trescientos combatientes que portaban fusiles. En el mismo lugar se instaló Sánchez Ramírez con su estado mayor, impartiendo órdenes para distribuir convenientemente sus tropas.

Entre muchas otras disposiciones tomó la de ordenar al puertorriqueño José de la Rosa emboscarse con treinta fusileros a retaguardia del enemigo para distraerle la atención después que rompiese el fuego en el frente. De la Rosa había sido uno de los llegados a Boca de Yuma el 29 de octubre, procedentes de Puerto Rico.

Situado en el centro de su ejército, en la eminencia mencionada, el brigadier colocó a su derecha a Manuel Carvajal y a su izquierda a Pedro Vásquez. Miguel Febles le servía de ayudante mayor.

 

Pena de la vida al que volviere la cara atras, pena de la vida al tambor que tocare retirada, y pena de la vida al oficial que lo mandare aunque sea yo mismo"

Juan Sánchez Ramírez

Desde aquel lugar arengó a la tropa. Le advirtió que la acción iba a ser decisiva, puesto que viniendo al frente de la expedición enemiga el propio gobernador, con lo más granado de las fuerzas de que disponía, su derrota significaría el triunfo de la campaña. Recomendó asaltar al arma blanca después de la primera descarga, para evitar el efecto de la mejor fusilería y táctica de los franceses. Terminó la arenga anunciando que aplicaría la pena de muerte al soldado que volviera atrás la cara; al tambor que tocara retirada y al oficial que la ordenara, aunque fuera él mismo. En esta forma obligó a todos, incluso él, a pensar que era mejor morir peleando que deshonrosamente fusilado. Su exclamación final fue un viva a Fernando VII, el príncipe que en aquellos momentos personificaba las mejores esperanzas españolas.

A la arenga del caudillo siguieron tensos momentos de silencio y atención. Los franceses avanzaron y rompieron el fuego cerca del medio día. Una caballería gala se avalanzó para cortar la izquierda hispano-criolla. Los jinetes dirigidos por el capitán Antonio Sosa no perdieron tiempo y corrieron al encuentro de ella, obligando a los atacantes a tirar de las bridas. Este primer choque cuerpo a cuerpo fue sangriento. Sánchez Ramírez impartió a la caballería de su ala derecha, encabezada por el capitán Vicente Mercedes, la orden de avanzar, operación que se ejecutó con gran rapidez, arrollando al enemigo. Diez minutos de pelea bastaron para que el campo quedara cubierto de cadáveres franceses.

La táctica de los hispanos-criollos consistió, como lo consigna el Diario de Sánchez Ramírez, en convertir rápidamente el duelo a balazos a distancia en combate cuerpo a cuerpo, en que eran duchos los aguerridos dominicanos. La ejecutaron con tal presteza y osadía que de la parte de ellos sólo hubo siete muertos. Entre éstos, significativamente, los jefes de los dos cuerpos de caballería, los capitanes Antonio Sosa y Vicente Mercedes.

Viendo deshechos sus batallones, el general Ferrando dispuso el retorno precipitado a Santo Domingo con un grupo de oficiales supervivientes. Los persiguió un escuadrón capitaneado por el coronel Pedro Santana, padre del homónimo futuro caudillo de la República. Los fugitivos ganaron distancia al aventurarse a cruzar un torrente que no se arriesgaron a salvar los perseguidores, lo que les permitió detenerse a descansar en la cañada de Guaiquía. En este paraje el infeliz Ferrand, dominado por el abatimiento, se quitó la vida de un pistoletazo en la cabeza.

En esta forma se libró la célebre batalla de Palo Hincado el 7 de noviembre de 1808. Fue "el tercero de los grandes acontecimientos bélicos en que cobró fuerza triunfante la secular voluntad dominicana de seguir hablando en español. Los anteriores habían sido la victoria sobre los ingleses en 1655 y la batalla de la Sabana Real el 21 de enero de 1691".


 

Referencias

  1. Delafosse, Lemonier. Segunda Campaña de Santo Domingo (Guerra Domínico-Francesa de 1808 (traducción de C. Armando Rodríguez). Editorial El Diario, Santiago (R.D.). 1946.
  2. Guillermin, Gilbert. Diario Histórico de la revolución de la parte española de Santo Domingo (traducción de C. Armando Rodríguez de la edición de Imp. P.V. Lafourcade, Filadelfia, EE.UU. 1810). Academia Dominicana de Historia.
  3. Sánchez Ramírez, Juan. Diario de la Reconquista. Editora Montalvo, Santo Domingo (R.D.). 1957.
  4. Troncoso Sánchez, Pedro. El drama de la idea nacional en Santo Domingo y su relación con Puerto Rico.. Academia de Ciencias de la República Dominicana. 1977.

Batalla de Palo Incado  -resumen-

Combate librado entre fuerzas dominicanas y tropas francesas en el sitio del mismo nombre, al Oeste del Seibo. El encuentro tuvo lugar el 10 de noviembre de 1808. Los dominicanos estuvieron comandados por don Juan Sánchez Ramírez y las tropas francesas estuvieron dirigidas por el general Ferrand. Fue un encuentro decisivo en la guerra de reconquista, que permitió a España recuperar la antigua parte española de la Isla. Los criollos; en esta guerra, contaron con el apoyo de Inglaterra, los de los gobiernos haitianos de Petión Peetion y Cristóbal y del gobierno colonial de Puerto Rico. Vencido Ferrand por los patriotas criollos, decidió suicidarse en la cañada de Guaiquia.
A continuación la relación del combate elaborada por Toribio Montes, entonces gobernador de Puerto Rico.


 

 

Combate de la Herreradura

 



(24 de Febrero de 1805). Combate librado entre tropas haitianas de Jacobo Dessalines y tropas dominicanas comandadas por Serapio Reynoso. Tuvo lugar en lugar del mismo nombre, a orillas del Yaque del Norte. Los dominicanos incluyendo a Serapio Reynoso, fueron eliminados y Dessalines ocupó la ciudad de Santiago.

 

 

 

Batalla de Las Carreras




Uno de los grandes combates de la guerra dominico-haitiana, tras la invasión de Soulouque (1845). Fue librada en lugar del mismo nombre entre el 19 y 22 de abril de 1845. Las armas dominicanas estuvieron comandadas por Pedro Santana quien obtuvo la victoria luego de tres días de combate. El lugar del combate fue el paso de Las Carreras, cercano a la margen oriental del río Ocoa, lugar no distante de la bahía del mismo nombre.
Se distinguieron en el combate, los generales, Antonio Duvergé, Antonio Abad Alfau, Marcos Evangelista, el comandante, Aniceto Martínez, y los capitanes, Bruno Aquino y Bruno del Rosario.
 


 

 

 

Combate de Cachimán

 

 



Enfrentamiento bélico en el cual las fuerzas patrióticas encabezadas por el general Antonio Duvergé, derrotaron a las fuerzas invasoras haitianas, ocurrido el 17 de abril de 1845.
El periodista e investigador José Rafael Vargas, describe así lo sucedido:
“Oeste de Elías Piña y al Este del poblado haitiano de Veladero se encontraba un estratégico fuerte ocupado por los haitianos, por lo que el General Antonio Duvergé, jefe del Ejército Expedicionario Sur, estando en Comendador decidió atacar el fuerte, “que estaba bien atrincherado y protegido por dos fortines llamándose uno de ellos La Estrella”.
Siendo aproximadamente las seis de la mañana, salió hacia su objetivo dividiendo sus tropas en tres columnas: la primera que debía cortar la retirada al enemigo con un movimiento envolvente por el Sur, al mando del mencionado General Alfau, quien partió primero al punto ya que su recorrido era mayor; la segunda que debía atacarlo de frente, al mando del Coronel Francisco Pimentel, con una pieza de artillería y la tercera que debía acometerlo por la derecha y que se la reservó a Duvergé a comandar en persona.
Según dice el parte oficial de esta acción”como a las ocho hizo alto esta última columna en frente del enemigo y formó en batalla esperando que la columna que debía obrar a retaguardia del enemigo, siendo la que más debía dilatar sus operaciones, hiciese la señal de estar a punto de acción, lo cual se verificó a las diez, siendo esta la señal de acometida general atacando frontalmente las cuatro trincheras que sucedían al punto. Después de dos horas de combates, las tropas del General Duvergé, “cargaron a la bayoneta sobre el enemigo y vencieron la vigorosa resistencia haitiana ganando las tres columnas la ascensión de la cima del fuerte; fue plantado el pabellón de la cruz”.
El enemigo abandonó la posición de manera desesperada, siendo perseguido tenazmente en su retirada hacia los montes. El alcance del fuego dominicano fue sangriento, lo que aumentó el número de los muertos, también se capturaron doce prisioneros de guerra, cuatro oficiales, un médico, tres militares y un cabo del regimiento 32, un oficial y un cabo del regimiento 12 y dos oficiales de la Guardia Nacional de Puerto Príncipe.
Desde el cuartel general del Cachimán, siendo las ocho de la noche, el general Antonio Duvergé envía al general Pedro Santana, Presidente de la República, el parte oficial de la toma de Cachimán”.
 

 

 

Batalla de Cambronal

 





Encuentro bélico ocurrido el 22 de diciembre de 1855, entre las tropas haitianas que invadieron el país por órdenes de Soulouque, y dominicanos al mando del general Sosa. La acción decisiva tuvo lugar el día 22, en las estrechuras de Cambronal, próximo a Neyba, pero desde el día 18 del mismo mes, la fuerza haitiana al mando del general Garat, Duque de Leogave, cruzaron la frontera por Jimaní, registrándose en su avance algunos encuentros menores, por las cercanías del lago Enriquillo.
En el encuentro más importante, ocurrido en Cambronal, y de ahí el nombre de la batalla, el ejército haitiano fue derrotado muriendo el propio general Garat, y el general Monsogne. Ese día, según los cronistas, de un ejército cercano a los tres mil hombres, los haitianos dejaron más de cuatrocientos muertos en su retirada. Además de las tropas de Neyba, al mando del general Sosa, también participaron en la acción, un batallón de seibanos, al mando del coronel Eugenio Miches, otro de Azua, al mando del Comandante Blas Jiménez, y otro de llaneros, comandado por Elías Flores. También se distinguió el coronel de Sena.
 

 



María Trinidad Sánchez

 



(1794-1845). Hermana del padre de Francisco del Rosario Sánchez, por tanto tía del patricio. Ayudó a la causa independentista, y ella misma confeccionó la primera bandera dominicana. Después de la independencia, participó, junto a un grupo de febreristas en una conspiración para derrocar a Santana, pero fueron descubiertos. María Trinidad fue una de las primeras personas arrestadas y fue condenada a muerte por haberse negado a decir los nombres de sus compañeros. Fue fusilada el 27 de Febrero de 1845, aniversario de la independencia, junto a su sobrino, Andrés Sánchez.
 

 

 

Batalla de Beller

 



Uno de los principales combates de la Guerra de independencia nacional. Tuvo lugar en la sabana de este nombre situado en la zona fronteriza el 27 de octubre de 1845, donde los haitianos habían construido un fortín llamado “el invencible”, el cual fue tomado finalmente por tropas dominicanas, comandadas por Francisco A. Salcedo.
 

 


Batalla del 19 de Marzo
 

 


Fue uno de los primeros grandes combates que libró el ejército libertador en 1844, frente a las tropas haitianas del general Riviere Herard. Su nombre proviene de la fecha en que se produjo este enfrentamiento en Azua, ganado por el general Pedro Santana. La acción duró 3 horas, aproximadamente. Santana dudando poder sostener la plaza, se retiró después a Sabana Buey y luego a Baní.

 

 


La Batalla de Santomé


Francisco Cabrera

La Batalla de Santomé fue uno de los últimos episodios importantes de la guerra entre la República Dominicana y Haití.
“ Santomé” es el nombre de una histórica sabana ubicada en las afueras de la ciudad de San Juan de la Maguana, específicamente en la salida hacia el municipio de Las Matas de Farfán.
En ese punto, identificado por una hermosa plaza dedicada al general José María Cabral, se libró, el 22 de diciembre de 1855, hace 145 años, la famosa Batalla de Santomé, donde 3 mil dominicanos propinaron una derrota aplastante a 30 mil haitianos.
El fiero combate se produjo en el marco de la última incursión importante realizada por los haitianos en territorio dominicano con el propósito de recuperar el control de la parte Este de la isla.
La invasión de 1855 fue dispuesta por el emperador haitiano Faustino Soulouque, bajo el pretexto de impedir que la parte Este fuera anexionada a los Estados Unidos, una nación esclavista, como pretendía el general Pedro Santana, a la sazón presidente de la naciente República Dominicana.
Así las cosas, mientras los haitianos actuaban bajo el pretexto de impedir el restablecimiento de la esclavitud en las islas, los dominicanos luchaban por consolidarla independencia nacional que había sido proclamada once años atrás, el 27 de Febrero de 1844.
En el marco de su política hacia la parte Este, heredada de su antecesor Charles Herard Ainé, el emperador Soulouque había dirigido una primera invasión de la parte Este el 6 de marzo de 1849, con 15 mil hombres, siendo derrotados en todos los combates librados tanto en el Sur como en el Norte.
Las tropas Dominicana que pelearon en Santomé eran comandadas por el general Cabral, en tanto que las Huestes haitianas las dirigía el coronel Antonio Pierrot, a quien el emperador Soulouque había investido con el título noble de “Duque de Tiburón”.
Algunos historadores afirman que el combate de Santomé estuvo a punto de terminar en un desastre para el destino dominicano, puesto que el general Valentín Alcántara, comandante de una de las alas del ejército criollo, fue obligado por el fuego de los cañones haitianos a retroceder con toda la caballería bajo su mando.
Pos suerte, un sargento de nombre Juan Vélez, que tenía a su cargo los tambores, desobedeció la orden de tocar retirada y siguió combatiendo junto a otros tantos valientes, hasta que la situación se tornó más favorable para los defensores de la soberanía nacional.
“La posibilidad de un desastre acabó de conjurarse en aquella hora crítica cuando el coronel Juan Ciriaco Fafá, a la cabeza del primer regimiento, yendo a incorporarse al ejército trabado en lucha, hizo devolver a los que se retiraban”, señala Ramón Marrero Aristy, en su libro “ La República Dominicana”.
Agrega, sin embargo, que el enorme número de los invasores parecía absorber por momentos a las tropas por momentos a las tropas dominicanas, por lo que el general Cabral ordenó a sus hombres pasar a la ofensiva y acto seguido los pajones de la sabana comenzaron a arder y el viento empujó las llamas sobre los haitianos, mientras los abanderados cruzaban por entre la humedad y las rojas flamas y clavaban sus enseñas casi dentro de las líneas haitianas.
“Cabral y los demás generales y coroneles se arrojaron entonces a la cabeza de sus tropas cargando sobre el enemigo el arma blanca; los sables y las lanzas comenzaron a hacer estragos y los dominicanos lograron imponerse a los invasores en un feroz cuerpo a cuerpo que destrozó la ofensiva haitiana”, indica Marrero Aristy.
Con el ejército haitiano en desbandada, emprendió la persecución del enemigo y fue así como se encontró frente a frente con Pierrot, el duque de Tiburón, con quien de inmediato intercambió algunos disparos y luego combatió cuerpo a cuerpo. El coronel cayó herido de muerte, siendo rematado por Cabral de un culatazo en la cabeza.
Se dice que en ese combate resulto gravemente herido el general Valentín Alcántara, uno del los héroes de la Batalla de Estrelleta, quien, en acto de traición, había hecho un pacto secreto con Soulouque.
Con la aplastante derrota sufrida en Santomé, hecho que afincó aún más la solidez de la posición dominicana en la defensa e integridad del territorio nacional, los haitianos prácticamente optaron por abandonar sus pretensiones de reconquistar la parte Este de la isla
 

 

 

Talanquera



Encuentro armado entre fuerzas del Ejercito Nacional comandado por los comandantes Francisco Caba y Bartolo Mejía, y el ejército en retirada de Haití, que había participado en la Batalla del 30 de Marzo de 1844 en Santiago. El hecho ocurrió a principios del mes de abril, en el lugar del mismo nombre.
El parte oficial de la Junta Central Gubernativa, que tiene fecha 1 l de abril del mismo ano, nos indica el día exacto del combate, y dice así
"Persuadida de la satisfacción general que debe producir el conocimiento de los acontecimientos posteriores al 30 del pasado, en que el ejército expedicionario de la parte Norte Español ha sellado y coronado el completo triunfo de nuestras armas, se apresura en traer publicar el parte oficial acaba de recibir el Corregidor del Macorís, cuyo tenor es el siguiente:
Macorís, S de abril da 1344 y 1ro. de la Patria. El Corregidor de la Común de Macorís a los miembros que componen la Junta Central Gubernativa en Santo Domingo.
Respetables compatriotas.
Acabo de recibir la plausible noticia, por el General provisional de Santiago, J. M. Imbert, que el resto del
ejército haitiano que había jugado en el ataque del 30 pasado en Santiago, ha perecido entre Guayubín y Talanquera, y con él los general es Carrie y Cadet Antoine. Esta victoria se le debe a los valientes patriotas mandados por los comandantes Francisco Caba y Bartolo Mejía, que estaban a la cabeza de la división emboscada.
Gloria al Dios de los ejércitos:
Dios guarde a ustedes muchos años. (Firmado) Justo Zegarra
Imprimase, publíquese y circúlese.
El presidente de la Junta, Bobadilla. Caminero. Echevarría. J. Tomás Medrano. Delorve. Carlos Moreno. Felix Mercenario. M.M. Valverde. El Secretario de la Junta, S. Pujols."


 

 
 
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